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HISTORIA DE NAVARRA I |
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La tierra de los navarros fue llamada por los geógrafos greco-romanos con el nombre de Vasconia, denominando a sus habitantes con el término vascones del que deriva la actual palabra vasco.
Navarra o "la gran llanura próxima a las montañas", pues este es el significado del topónimo vasco Navarra, fue la cuna de la "lingua navarrorum" (lengua de los navarros) o lengua vasca actual y de la cultura que surge alrededor de ella.
A la caída del Imperio Romano, durante la época franco-visigótica (siglos V-VIII d.C.), los vascones de Navarra liderarán al resto de tribus vascas en contra de los invasores germanos, conformando un único pueblo vasco que se ha mantenido hasta la actualidad. A partir de esta época, por tanto, fruto de la asimilación vascona desaparecerán las tribus vascas de los textos y se hablará únicamente de los vascones.
Mientras la Vasconia de la época imperial romana se extendía exclusivamente por Navarra, La Rioja y el noroeste de Aragón. Después de la unión de todas las tribus vascas bajo el liderazgo de los vascones durante las invasiones germánicas, pasará a extenderse a amplias zonas de los Pirineos y del sudoeste de Francia.
La forma vasca para denominar el topónimo latino Vasconia fue Euskal Herria (éuskal érri-á), utilizando los vascos la forma euskaldunak (euskáldunák) para autodenominarse. Ambas palabras siguen siendo utilizadas por los vascos para designar en vasco tanto a su tierra como a ellos mismos respectivamente. En otras lenguas, por el contrario, estos nombres han variado a lo largo de la historia.
Como ya hemos indicado en la época franco-visigótica a los vascos se les denominó vascones (escrito también como wascones). Posteriormente en los cronicones carolingios se comenzó a diferenciar a los vascones que estaban bajo gobierno franco de los independientes, designando a estos últimos con el término navarro; siendo utilizada la palabra vascón, únicamente, para los vascones bajo gobierno franco (evolucionando posteriormente este término al actual gascón).
Con el auge del Reino de Pamplona-Nájera en el siglo XI (hasta el siglo XII no fue denominado oficialmente como Reino de Navarra), la utilización de la palabra navarro para designar a los vascos se fue generalizando; quedando la palabra vascón gradualmente en desuso.
En el siglo XII el reino navarro, ante el expansionismo militar castellano, se verá forzado a pactar la renuncia a los territorios de La Rioja y Vizcaya.
La Rioja, que en aquella época era el territorio vasco más importante y que ostentaba la capital del reino, Nájera, será anexionada por Castilla. La capitalidad del reino navarro volverá otra vez a la capital histórica de los vascones, Pamplona.
La ambición de la casa riojana de los Haro y su rechazo a la dinastía de los Xemeno (Jimeno) reinante en Nájera, les llevará a colaborar con los castellanos en su anexión de La Rioja y Vizcaya. Los servicios de la casa de Haro serán premiados por Castilla otorgándoles de nuevo el Señorío de Vizcaya del que fueron desprovistos con anterioridad por la monarquía navarra.
Vizcaya, bajo la dominación castellana, se verá inmersa en guerras en defensa de los intereses de Castilla. La colaboración de la dinastía de los Haro en el expansionismo castellano aumentará los territorios de su señorío, gracias a las tierras donadas por los reyes de Castilla. El Señorío de Vizcaya, aunque en la órbita castellana, será legalmente independiente hasta 1516 en que es definitivamente anexionado a Castilla.
La fama batalladora que se labraron los vizcaínos en las sucesivas guerras del reino castellano, hará que en lo sucesivo, los vascos, sean conocidos con el nombre de vizcaínos en Castilla. Una denominación que se extenderá posteriormente a otros países europeos; mientras que en los territorios de la corona de Aragón se les seguirá llamando navarros.
En el siglo XVI, como podemos comprobar en los textos de Cervantes, fue común designar a los vascos de uno y otro lado de los Pirineos con el término vizcaíno (exceptuando los bajo navarros, que tanto en Francia como en España, eran denominados "vascos").
En mapas europeos del siglo XVII se sigue denominando todavía a a la actual Euskadi como Vizcaya, apareciendo como subdivisiones de la misma los topónimos "Vizcaya original", Álava, Guipúzcoa, La Rioja y Provincia de Cuatro Villas (aparece en los mapas integrada por territorios de la Vizcaya occidental, y este Cantabria, hasta la Bahía de Santander). El denominar a los vascos como vizcaínos en los territorios de Castilla, así como en otros países europeos; y navarros, en los territorios de la antigua corona de Aragón, seguiría vigente todavía hasta el siglo XVIII.
A partir del siglo XV y XVI fue común en ambientes eruditos europeos utilizar el término cántabro para designar a los navarros. A partir del siglo XVI esta donominación se comenzó a utilizar, también en ambientes eruditos, para designar solamente a los alaveses, guipuzcoanos y vizcaínos. Una denominación que daría lugar posteriormente a las tesis vasco-cantabristas.
En España, a partir del siglo XVIII, se comenzó a generalizar la costumbre de utilizar el término vascongado para designar a los habitantes de Euskadi.
La palabra vascongado (del latín "vasconicatus") en sus orígenes era sinónimo de vascoparlante o relativo a la lengua vasca; en contraposición con romanzado (del latín "romanicatus") que significaba hablante de lengua latina o relativo a su lengua. Ambas palabras eran utilizadas no sólo en Euskadi sino también en Navarra.
En una lista de pueblos realizada por el Obispado de Pamplona en 1587, setenta y cinco años despues de la conquista castellana del Reino de Navarra, se cita que, de un total de 536 municipios existentes en Navarra en aquella época eran de "lengua vascongada" 453 (85% de los municipios); mientras que de "lengua romanzada" eran 83 municipios (15% del total). A partir de la conquista castellana (1512) y posterior anexión de la Navarra peninsular a la corona castellana (1515), comenzará un proceso de desnavarrización que acarreará el que actualmente sólo el 20% de la población navarra peninsular sea capaz de hablar y/o entender la lengua vasca hablada por sus reyes.
Esta pérdida de la cultura navarra comenzará en la ribera del Ebro y en zonas limítrofes con la actual Aragón que bajo la dominación árabe pertenecieron al Emirato de Zaragoza, debido a ello la cultura vasca sería gradualmente desplazada por la cultura mayoritaria de los habitantes del emirato, la aragonesa. En el siglo XII los navarros reconquistarán la ribera del Ebro a los musulmanes donde la primera lengua era la aragonesa y la segunda seguía siendo la vasca. Este bilingüismo de la población ribereña durante esta época, y posteriores, se plasma en textos del siglo XIV de la zona, donde aparecen personas pertenecientes a familias arraigadas en la ribera del Ebro que seguían siendo de religión musulmana y que poseían un nombre árabe y un sobrenombre vasco. A partir del siglo XIV debido al poder político, comercial y cultural de Castilla la cultura aragonesa del sur de Navarra se vería absorbida por la castellana, dando lugar a la actual cultura castellano-aragonesa. Bajo la dominación española (a partir del siglo XVI) la cultura castellano-aragonesa comenzará su expansión hacia la mitad y norte de Navarra, haciendo desaparecer gradualmente la cultura vasca propia de los navarros.
En el siglo XVII se utilizará la palabra vascongado para designar a cualquiera que procediera de tierra donde se hablara euskara (equivalente al euskaldun vasco). A partir del siglo XVIII, por parte de los vasco-cantabristas y la monarquía española, se comenzarán a utilizar y generalizar los términos "vascongado" (gentilicio) y "Provincias Vascongadas" o "Vascongadas", para designar la tierra en la que viven los alaveses, guipuzcoanos y vizcaínos, la actual Euskadi, alterando el significado original de la palabra vascongado, y excluyendo en su significado a los navarros.
Finalmente, a partir del siglo XIX, se comenzó a extender la actual, vasco, que proviene del término francés "basque" y que desde la baja Edad Media sólo servía para identificar a los bajo navarros. El significado del término decimonónico "vasco" era más genérico y equivalente al vasco euskalduna, queriendo englobar dentro de sí tanto a vascongados, navarros, como a vascos de Francia.
El mundo vasco en la Edad Media, como conoceremos a lo largo de estas páginas web, se subdividió en diferentes entidades políticas que abarcaban gran parte de la zona pirenaica. Hoy solamente siete territorios han conservado su cultura original (Álava, Baja Navarra, Guipúzcoa, Labourd, Navarra, Sola y Vizcaya).
La desmembración de las dos entidades políticas que aglutinaron históricamente a los vascos (Ducado de Vasconia, Reino de Navarra), debido al expansionismo militar de los pueblos latinos del entorno o de tensiones internas de sucesión, daría lugar a la división del pueblo vasco en entidades políticas diferentes, a menudo antagónicas, lo que ocasionó que los vascos batallasen unos contra otros en sucesivas guerras (Castilla contra Navarra, Francia contra España, etc).
Sin embargo, se mantuvo entre ellos la noción de pertenecer a una tierra en común, a la "Tierra del Euskara" o Euskal Herria, ya que desde los primeros escritos extensos en vasco del siglo XVI d.C., y aunque no estaban unidos políticamente, escritores de las actuales Euskadi, Navarra y País Vasco Norte hacen alusiones a ella. Un término, así como la palabra euskaldun, que nos retrotraen a siglos atrás, comenzándose a extender entre todas las tribus vascas en el declive del Imperio Romano, y sobre todo, en la época franco-visigótica (a partir del siglo V d.C.), cuando estas tribus tuvieron que unirse en contra de los invasores germanos dando lugar al actual pueblo vasco.
La lengua francesa traducirá el término Euskal Herria como Pays Basque, ya que la palabra vasca euskal además de significar "del euskera" se traduce también como "vasco". Posteriormente la lengua española adquirirá el término francés Pays Basque y lo adaptará como País Vasco, que es la forma actual con la que se hace referencia en español a la tierra de los vascos.
La falta de unidad de los vascos tras la muerte del rey Sancho el Mayor de Navarra (siglo XI) y que los vascos quedaran divididos en seis entidades políticas (el Condado de Gascuña bajo la órbita francesa, el Reino de Castilla, el Reino de Aragón, los territorios leridanos actualmente dentro de Cataluña habitados por vascos que quedaron bajo la órbita del Condado de Barcelona, el Reino de Zaragoza bajo gobierno musulmán y los territorios que quedaron dentro del Reino de Pamplona-Nájera después de la división), hará que el euskara se debilite.
Una división del Reino de Pamplona-Nájera tras la muerte de Sancho el Mayor, que sería fatal para el euskara en esos territorios y conllevaría la paulatina asimilación de los vascos por parte de los latinos.
La población vasca desaparecera de la mitad sur de Gascuña, noreste de Castilla, este de Cantabria, La Rioja, norte de Aragón y noroeste de Cataluña, después de siglos de asimilación cultural e incluso de prohibiciones seculares de su idioma, como la que acaeció en la ciudad de Huesca (norte de Aragón) durante cuatro siglos. Una asimilación cultural que obtuvo resistencia, por ejemplo, en los antiguos riojanos. En 1239 el alcalde del municipio que actualmente se conoce como Ojacastro (en La Rioja) mandó apresar a un merino (guardia real) enviado por Castilla a la localidad y que no sabía hablar euskara, algo que atentaba contra los fueros de la villa que exijían el conocimiento de la lengua vasca.
Actualmente el euskara, y por tanto el pueblo vasco, se conserva en una novena parte del territorio que abarcaba en el siglo XI.
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En esta introducción a los orígenes de los vascos haremos referencia a los trabajos científicos más recientes que han intentado desentrañar el enigma del origen de este pueblo.
A la hora de adentrarnos en estos orígenes nos encontramos con el obstáculo de no tener documentación de esta época, dado que este origen es muy remoto, y por tanto, anterior a la invención de la escritura.
Los diferentes historiadores que han estudiado estos origenes indican que los actuales vascos, descienden de un pueblo prehistórico (civilización protovasca, también conocida como civilización franco-cantábrica) que se extendía a ambos lados de los Pirineos y que formaba parte de un
grupo euroasiático antiguo anterior a la difusión de los pueblos indoeuropeos en Europa (milenio III ó V a.C). Asimismo consideran que el asentamiento de los antecesores de los vascos en tierras pirenaicas, fue anterior a la llegada de los íberos a la península ibérica.
Los historiadores en la necesidad de poder vencer la problemática de la no existencia de documentación escrita sobre estas épocas, han comenzado a utilizar técnicas basadas en el estudio de la genética (ADN mitocondrial), para poder conocer el movimiento de los grupos humanos en la antigüedad. Este estudio ha dado lugar a la nueva disciplina llamada arqueogenética, cuya aplicación en la época prehistórica recibe el nombre de paleogenética.
El doctor en biología Peter Forster, que lideró el laboratorio de genética molecular del Instituto McDonald para la Investigación Arqueológica de la Universidad de Cambridge, llevó adelante investigaciones genéticas de las diferentes poblaciones de Europa basadas en el estudio del ADN mitocondrial, pudiendo obtener diferentes mapas de las migraciones humanas acaecidas en Europa a lo largo de los siglos. A través de estas investigaciones el Instituto McDonald obtuvo unos resultados, que posteriormente se han visto corroborados por otras investigaciones similares llevabadas a cabo por las universidades de Oxford o Milán, en las que no sólo se ha estudiado el ADN mitocondrial (materno) sino también el cromosoma Y (paterno). Los estudios llevados a cabo para conocer la climatología prehistórica avalan también la validadez de estas investigaciones, dado que los diferentes grupos humanos se replegaban en una zona o emigraban en función de las condiciones climáticas.
Según estos estudios los hombres de Cromagnon (nuestros ancestros directos, los primeros hombres modernos que reemplazaron a los hombres de Neanderthal) estaban esparcidos a traves de toda Europa. Sin embargo, hace 20.000 años, cuando el frío se generaliza con la última gran glaciación, los pocos que pudieron sobrevivir buscaron refugio en las zonas más cálidas del continente (nordeste y suroeste de Francia y en Ucrania).
A partir de esta época, probablemente, se comienza a desarrollar en la zona cantábrica y sur de Francia el grupo humano protovasco y su lengua, el protoeuskara, dando lugar a la civilización franco-cantábrica. Del 16.000 a.C. en adelante el clima comienza a ser más cálido y según las investigaciones de paleogenética, comienza la expansión de los protovascos, extendiendo su cultura, la magdaleniense, por la despoblada Europa. Una cultura cuya máxima expresión serían las pinturas rupestres con las que los protovascos
ornamentaron las cuevas europeas. La extensión y localización de la cultura magdaleniense en Europa, coincide exactamente con este estudio, asimismo los rasgos fonéticos y léxicos comunes con los vascos, encontrados en las tierras donde se extendió la antigua civilización franco-cantábrica (tercio norte peninsular y mitad sur de Francia) de esta época, parecen avalar también este estudio. Hace 10.000 años comenzó el deshielo de los glaciares escandinavos, lo que contribuyó a que los protovascos se extendieran también por esta zona.
Estas investigaciones genéticas llevadas a cabo para el conocimiento de la evolución humana en Europa, indican que tres cuartos de los europeos actuales proceden, por vía matrilineal, de una población europea del período preglacial y que están estrechamente emparentados con los vascos. Indicando también que el aporte genético no protovasco (indoeuropeo en su gran mayoría) supone, únicamente, el 25% del total.
Este estudio hace hincapié en que esta expansión protovasca que comenzó hace 16.000 años, no solamente se dio en el centro y norte de Europa y en las islas británicas, sino también en el norte de África (la distancia entre la costa europea y africana en aquella época era menor que la actual), sobre todo en el actual Marruecos, norte de Argelia y Túnez. Un hecho que quizás ayude a desentrañar el enigma que acuciaba a filólogos de todo el mundo, en relación a las similitudes encontradas entre el euskara y lenguas camíticas del norte de África. Unas relaciones entre el euskara y lenguas camíticas como el bereber, surgidas, hipotéticamente, del mestizaje de protovascos asentados en África con grupos humanos camíticos.
Los indoeuropeos (de los que descienden los actuales latinos, germanos, eslavos, celtas, griegos...) llegaron a Europa occidental en el 2500 a.C . (según la "explicación bélica" de su expansión) o en el 4500 a.C. (según la "explicación agrícola").
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Para la "explicación bélica", la invasión indoeuropea habría partido de las estepas del norte de Ucrania y Rusia, siendo motores de la expansión la adopción del caballo como animal de montura, o como algunos historiadores apuntan hoy, la subida del nivel del Mar Negro, cuando el Mediterráneo lo invadió y pasó de ser lago a mar. La hipótesis de la "expansión bélica" se ve favorecida por la llamada "arqueología lingüística", es decir, por la constatación de que en el idioma indoeuropeo común no hay apenas términos agrícolas (ni metalúrgicos) y sí, en cambio, términos ganaderos, lo cual encajaría bien con un pueblo pre-agrícola procedente de la entonces atrasada Europa. Además, el tipo de flora y fauna que se reconstruye en ese idioma es más propio del norte de Europa que de tierras tropicales.
Para la "explicación agrícola", que tiene menos defensores, la invasión indoeuropea habría partido de la Turquía asiática y habría llevado con ella la agricultura. Esta explicación, que se aviene mal con la "arqueología lingüística", parece verse favorecida, a su vez, por los estudios del genetista italo-norteamericano Cavalli-Sforza, quien deduce en ellos un antiguo desplazamiento de población hacia Europa a partir de esa zona turca.
Los pueblos indoeuropeos, al ser pueblos con una tecnología superior en el arte de la guerra al resto de pueblos no indoeuropeos que habitaban hasta entonces Europa, conseguirán someter a la mayor parte de ellos, haciendo desaparecer sus lenguas y culturas. Quedando el euskara, como único vestigio lingüístico del pasado preindoeuropeo de Europa.
Ya en la época romana nos encontramos con las siguientes tribus vascas que sobrevivieron en el occidente europeo a la expansión indoeuropea: aquitanos, autrigones, caristios, várdulos y vascones. Unas tribus que se extendían a uno y otro lado de los Pirineos.
Algunos historiadores consideran a los berones de La Rioja como una más de las tribus vascas; otros, por contra, como una tribu celtíbera (los celtíberos eran los diferentes pueblos celtas que habitaban la península ibérica).
Por los estudios óseos llevados a cabo en excavaciones arqueológicas de la zona cantábrica vasca y Gascuña, sabemos que sus habitantes en el Neolítico, pertenecían racialmente a lo que la antropología designa como tipo pirenaico-occidental o vasco (evolución local del hombre de Cromagnon); mientras que el sur del País Vasco (sur de Álava y Navarra) y la zona berona, era muy heterogénea, estaba habitada por individuos de diferentes procedencias europeas (del tipo mediterráneo, alpino, dinárico...), lo que hace difícil un origen vasco de esta tribu. Si bien a la llegada de los romanos las etnias de habla vasca, se habían hecho ya con el control de los territorios sureños, el estudio de los antropónimos (nombre de las personas) de los berones de esta misma época, denotan también un origen celta y no vasco.
Un error de considerar a las tribus que rodeaban a las éuscaras como vascas, que se ha repetido con otras tribus cercanas como es el caso de los jacetanos de Huesca.
Hay que recordar que si bien había población vasca conviviendo con celtas e íberos en toda la zona pirenaica. Debido a la alianza de las tribus vascas con Roma, las tierras conquistadas a celtíberos e íberos eran posteriormente repobladas con éuscaros. 
El hecho de que ya en la época imperial romana, las ciudades y tierras del occidente pirenaico y zaragozano, así como de La Rioja y noreste de Castilla, figuren como vascas, ha dado lugar a este error; cuando en realidad, parte de esas tierras, pertenecieron a tribus celtíberas o íberas antes de la conquista romana. En La Rioja, por ejemplo, la población celtíbera fue cuasi-exterminada por los romanos, y sus tierras repobladas posteriormente por sus aliados, los vascos.
Esta alianza de las tribus vascas peninsulares con Roma en contra de los enemigos comunes, es el principal motivo de que la vasca sea la única cultura prerromana de la península que sobrevivió a la expansión de Roma. Un factor para la supervivencia de lo vasco, al que hay que sumarle el que tardiamente se desarrollara el Mare Externum ("Mar Exterior"; Océano Atlántico) como zona económica de interés para el Imperio, lo que posibilitó que la zona vasca quedara al margen de los intensos flujos migratorios que se dieron en otras zonas de la península o en Aquitania (por su alto interés agrícola).
Cuando llegaron los celtas a la actual Navarra, posiblemente en el siglo VIII a.C., denominaron a los habitantes de la zona pirenaica con el nombre de barskunes o baskunes ("los montañeses"). Los celtas se asentaron en las zonas llanas del centro y sur de Navarra, influenciando culturalmente a la población de esa zona que era de etnias y razas diversas (mediterránidos, paleomorfos, alpinoides o dinárico-armenoides).
Posteriormente, a lo largo del río Ebro, llegará una nueva cultura, la íbera, que se superpondrá a la celta. Una celtización e iberización del centro y sur de Navarra, de la que quedarán al margen los baskunes del norte.
A partir del siglo III a.C. comienza la expansión de los baskunes del norte hacia el sur, tomando el control de las tierras llanas del centro y sur de Navarra, baskunizando culturalmente su población. El mestizaje de los baskunes y de las etnias del centro y sur de Navarra, en una misma tribu, hará que muchas costumbres y usos celtíberos e íberos formen parte, en lo sucesivo, de la tradición baskún:
Los baskunes que habitaban en las zonas montañosas de Navarra, se dedicaban a la ganadería y a una economía de subsistencia basada en la caza y la recolección.
El ídolo de Mikeldi de Durango (Bizkaia) es de la Edad de Hierro, representa a un toro o verraco que tiene entre sus patas un disco cuyas dos caras significan el Sol y la Luna, representando así a la diosa Mari o "Madre Tierra" que recibe en su seno a sus dos hijas celestes cuando se ponen en los "Mares Bermejos" o Itsasgorrieta para seguir su curso por el Mundo Subterráneo.
Incluso aquellos que vivían en zonas menos agrestes tenían la caza y la ganadería como actividad principal. La agricultura sólo era practicada en las zonas llanas de la región entre Pamplona y el Ebro, por las antiguas etnias de origen diverso celtizadas, después iberizadas, y posteriormente, baskunizadas. Los indoeuropeos habían introducido diversos cultivos, pero no se practicaban a gran escala.
En las zonas del sur existía una aristocracia local, descendiente de los elementos dominantes celtas llegados con las oleadas indoeuropeas, que hacía que la región se asemejase más, socialmente, a otros puntos de la península ibérica. Pero, no obstante, también en estas regiones, la caza y la ganadería son ocupaciones habituales, situación que no se modificará hasta el siglo II a.C., con la llegada de los romanos. Estos, adaptaron el término celta baskunes a su idioma y lo convirtieron en vascones (pronunciado en látin uascones). Una denominación que perdurará en el tiempo, hasta que, en épocas medievales, sea sustituida por la palabra navarro.
La tribu de los vascones, comenzará a partir del siglo III a.C., desde el norte de Navarra (Saltus Vasconum o zona montañosa de Navarra), un proceso de expansiones que hará que su idioma sea hablado en el siglo VI d.C. desde parte de Cantabria, al oeste, hasta parte de Cataluña, al este; al norte, hasta el río Garona (mitad de la actual Francia), y al sur, hasta el río Ebro. A continuación, se hace referencia al proceso de expansión de los vascones: 
Durante los siglos III a.C. al II a.C. hacia el este, hasta parte de Cataluña, conviviendo en ese área con celtíberos e íberos. En la época romana, gracias a la buena relación de las tribus vascas en general y los vascones en particular con los romanos, la mayoría de las ciudades que en los principios de la conquista romana aparecían como celtíberas o íberas en La Rioja, noreste de Castilla, sur de Navarra, y norte y occidente de Aragón, aparecen ya en los escritos, después de la conquista, gobernadas por las tribus vascas. Calagurris (Calahorra, La Rioja) y Cascantum (Cascante, sur de Navarra), así como Graccurris (Alfaro, La Rioja; ciudad fundada por Roma) aparecen como celtibéricas en el momento de su conquista, pero luego, bajo el Imperio, figuran ya como ciudades vasconas. Estrabón escribe hacia el año cero que las principales ciudades vasconas eran Calahorra, Pamplona y Oiasso (Irún, Gipuzkoa). Del mismo modo Jaca (provincia de Huesca, norte de Aragón) y Segia (Egea de los Caballeros, provincia de Zaragoza, occidente de Aragón), que aparecían como de los jacetanos y de los suesetanos, luego figuran como de los vascones.
En el siglo III d.C., en el ocaso del Imperio Romano, comienza la formación del actual pueblo vasco y del euskara común que se acelerará con las invasiones germánicas. Este proceso de formación del pueblo vasco, así como las guerras contra los germanos, son liderados por los vascones de Navarra. A partir de esta época se dejará de hablar de tribus vascas y se comenzará a citar a los vascones como un único pueblo.
En el siglo VI d.C., debido a las incursiones visigodas en territorio vascón, vascones de Euskadi, Navarra, Aragón, Andorra y Cataluña se asientan
en las tierras de la Novempopulania ("Nueve Pueblos", actual suroeste de Francia), aprovechándose de la debilidad y caos generado por la guerra entre francos y visigodos a través de la cual la zona quedó desguarnecida de tropas militares. Extendiendo el euskara común tardorromano por todo el sudoeste de Francia hasta Burdeos (río Garona) y al sur hasta la actual frontera franco-española en Lleida.
La presencia de abundantes topónimos éuscaros los podemos encontrar muy al sur de las actuales fronteras vascas:
Al sudoeste por los montes de Oca (Oka mendiak, óka mendí-ak), La Bureba (Bureba, buréba), Valle de Mena en Burgos, La Rioja y Soria (Oria, oría). O El monte Amaya (amaia [amáy-á]; "el fin") de 1362 m en la provincia de Burgos, muy cerca de Palencia. Todas estas tierras fueron posteriormente revasquizadas en los primeros años de la reconquista, lo que hizo que Castilla en sus comienzos fuese mayoritariamente vascoparlante. Aunque zonas como La Rioja o Burgos fueron hablantes de lengua éuscara, ininterrumpidamente, desde épocas prerromanas hasta los siglos XV - XVI de nuestra era, en los que el castellano (12), después de siglos de bilingüismo, sustituyó al euskara en el habla de los lugareños.
(12) Castellano o español: lengua surgida en la reconquista. Su origen se encuentra en el habla de los vascos romanizados de Cantabria, norte de la provincia de Burgos, franja occidental
de Álava colindante con la provincia de Burgos y los habitantes de la comarca vizcaína de las Encartaciones.
Estas tierras en la época romana estaban habitadas por la tribu vasca más occidental, los autrigones. Su cercanía con la meseta, que desde épocas neolíticas fue foco cultural de las nuevas técnicas y constumbres del Neolítico, haría en este caso que se irradiara el latín y la cultura romana con más fuerza. De la romanización de los autrigones, por tanto, surgiría el actual pueblo de Castilla y su lengua, el castellano.
La primera manifestación escrita de la lengua castellana son los cartularios del Monasterio de Santa María de Valpuesta (Burgos), estos textos están datados desde el año 804 hasta el 1200. Son manuscritos que se hicieron como copias de las escrituras originales de documentos del archivo de la corona, localidades, obispados, monasterios, iglesias o personas privadas en relación a títulos de propiedad, privilegios, derechos o documentos de diferente índole. Siendo utilizadas estas copias en el caso de que las originales se perdieran, para que de esta forma las diferentes instituciones o personas privadas pudieran acreditar sus derechos.
En estos primeros textos escritos en latín aparecen ya ciertas palabras con sonidos claramente del romance castellano; pero hasta el año 1200 no se podrá encontrar un texto escrito totalmente en lengua castellana.
En estos manuscritos, al igual que en los de San Millán de la Cogolla, primera manifestación del romance aragonés, aparecen términos vascos.
La presencia de nombres vascos es abundante: Anderkina ("pequeña señora"), Enneco ("mi pequeño", del que derivaría el nombre castellano Íñigo), Ozoa ("el lobo", del que derivaría el apellido castellano Ochoa)...
Se utiliza el vasco en expresiones: mie ennaia ("mi hermano"). Palabras de parentesco: eita
(padre), ama (madre), ennaia (hermano), amunnu (abuela)... Palabras de respeto como Anderazu ("anciana señora" con el significado de "doña") que la veremos también, posteriormente, en los textos riojanos del siglo XI.
Así como topónimos vascos de la zona como Margalluli, Yrola, Zopillozi...
Es curioso comprobar que diez siglos después, en las zonas del País Vasco donde la cultura vasca ha sido asimilada gradualmente por la castellana, se repiten expresiones similares a las de la Castilla inicial: mi aita ("mi padre"), mi ama ("mi madre")...
Con la expansión hacia el este de los asturianos e incorporación de lo que posteriormente sería Castilla al Reino de Asturias, muchos colonos asturianos se asentaron en las nuevas tierras conquistadas al este de Cantabria y norte de Burgos reforzando la latinización de la zona.
El hecho de que las primeras manifestaciones del castellano sean muy similares a la lengua astur-leonesa y que los nombres y apellidos castellanos más castizos sean de origen vasco, hace pensar a algunos historiadores que la romanización de la zona, antes de la llegada de los colonos asturianos, era muy escasa y que el copista que realizó las primeras inscripciones posiblemente no fuera castellano sino asturiano.
Este romance castellano inicial de los cartularios era muy similar al actual dialecto oriental de la lengua astur-leonesa hablado en la comarca cántabra de Liébana (por ejemplo pluralizaba el femenino en -es [Salines] como en el astur-leonés; en vez de en -as [Salinas] como actualmente).
El dialecto oriental del astur-leonés posee una fuerte influencia fonética éuscara que se caracteriza por la pérdida casi total de las efes iniciales al comienzo de la palabra y conversión de éstas en hache aspirada, dado que en el euskara no existió hasta la Edad Media el sonido / f /; mientras que por el contrario existía una fuerte aspiración al comienzo de las palabras, lo que causó esa evolución fonética. Esta misma evolución se puede encontrar también en el dialecto gascón del occitano que surgió de la romanización de la población de habla vasca de Aquitania.
Para explicar este sustrato vasco del astur-leonés oriental hablado en Cantabria y este de Asturias existen tres teorías. La primera que considera que lenguas de tipo vasco eran habladas en toda la mitad norte peninsular desde épocas prehistóricas. La segunda, que las tribus cántabra y astur que se consideran comunmente como tribus celtas no eran celtas sino vascas. Y por último la que considera que este sustrato es fruto de la recolonización autrigona de las tierras de cántabros y astures posterior a su conquista por Roma.
Astur-Leonés Astur-Leonés oriental Español Falar Jalar Hablar Facer Jacir Hacer
Latín Euskara Español Fundus Hondo Fondo Fornitura Hornidura Abastecimiento
En la reconquista Burgos se convirtió en punto de encuentro tanto de hablantes de astur-leonés como de aragonés, lo que incidió en la evolución de su romance.
Al avanzar hacia el sur el burgalés se fundió con el romance hablado por los mozárabes dando forma al actual castellano, lo que conllevó la introducción de gran cantidad de arabismos en el habla y la recuperación en muchas palabras de la efe inicial latina (hebrero>febrero; Hernando>Fernando; hondo>fondo...).
El sustrato fonético éuscaro (en el que no existen los diptongos ascendentes /je/ y /we/) ocasionó en el castellano la reducción de la fuerte diptongación en las antiguas es y oes latinas acentuadas existente en los romances centrales de la península (astur-leonés y aragonés).
Astur-leonés Español Güey Hoy Yera Era
Dotar al español de cinco vocales sin distinción de grados ( /i/, /e/, /a/, /o/ y /u/). Convirtiéndola así en la única lengua latina con sólo cinco vocales.
La no existencia del fonema /v/ fricativo labiodental sonoro en la fonética española, propio de las lenguas que se hablan donde antiguamente se extendió la civilización protovasca (gallego, astur-leonés, castellano, aragonés, gascón, catalán [exceptuando el valenciano] y occitano), es otro de los rasgos del sustrato vasco. Este fonema existió en el castellano antiguo; aunque no en las zonas de Burgos, Cantabria y La Rioja cuya pronunciación de la /v/ como /b/, con el paso del tiempo, se generalizó en todos los hablantes del español al ser tomado el burgalés como lengua castellana estándar.
En la fonética castellana hay dos fonemas vibrantes: el simple /r/ y el múltiple /rr/ que se oponen en posición intervocálica: /káro/ y /kárro/; /móro/ y /mórro/. En posición inicial sólo puede existir la vibrante múltiple. Esta distribución opositiva tiene su origen en el sustrato vasco y es propia también de los territorios que abarcaba la antigua civilización protovasca.
La fonética vasca necesita de una vocal epentética en inicio de palabra ( /a/ ó /e/ ) para poder pronunciar /rr/.
Latín Euskara Español Rationis Arrazoi Razón Romanicus Erromaniko Románico
Esta característica fue propia también del castellano antiguo surgiendo dobletes léxicos que han estado conviviendo en el habla castellana sin epéntesis y con epéntesis: ruga/arruga, repentir/arrepentir, rancar/arrancar, rebatar/arrebatar.
Los vasquismos son abundantes en el léxico del español. Los siguientes apellidos, por ejemplo, son de origen vasco. Si bien eran muy comunes en la Edad Media como nombres de pila; actualmente se los conoce más como apellidos:
Aznar ( Aznar [asnár]; proveniente del vasco medieval Azenari [asenári; "zorro"] también documentado como Azeari [aseári; "zorro"] que a su vez descienden del término latino asinarius ["asno"] )
García ( Gartzia [gartsía]; proveniente del vasco oriental Gartzea [gartsé-a; "el joven", "el infante "] equivalente al vasco occidental gazte(a) )
Íñigo ( Eneko [enéko; "mi pequeño [hijo]", proveniente de Ene [mi] + ko [diminutivo] ] )
Jimeno ( Xemeno [sheméno;"pequeño hijo", proveniente de Xeme [diminutivo de Seme [séme; hijo] ] + no [ diminutivo] ] )
Lope ( proveniente del latín medieval Lupo y a su vez romanización del nombre vasco Otsoa [ ochóa; "el lobo" ], conservado este último también en castellano como apellido [ Ochoa ] )
Sancho ( Antso (áncho); proveniente del latín sanctius, "santo". Un nombre que, aunque no tenga origen vasco, fue popularizado en Vasconia y comenzado a utilizar en otras tierras fuera del ámbito vasco )
Velasco/Belasco/Blasco ( proveniente del vasco Belasko "pequeño Bela", proveniente a su vez de Bela [ adaptación fonética vasca del nombre visigodo Vigila ] + (s)ko [ diminutivo ] )
Urraco ( Urrako [ urráko; "pequeño Áureo"]; proveniente de Urre [ oro, Áureo ] + ko [ diminutivo ] ). Si bien este nombre es conocido más por su modalidad femenina, Urraka, que fue nombre de reinas de Navarra, condesas de Gascuña o reinas de Castilla.
La influencia latina introdujo la moda en la lengua vasca de que un nombre tuviera tanto su forma masculina como femenina, algo que no existía anteriormente en el euskara. Esta femenización de los nombres se conseguía sustituyendo la -o final, que en euskara no alude al genero masculino (no existe género gramatical en las palabras), por una -a.
De esta forma surgirían, por ejemplo, los nombres: Urrako/Urraka, Eneko/Eneka, Xemeno/Xemena o Belasko/Belaska. Los castellanos, al ser vascos romanizados, seguirían utilizando estos nombres convirtiéndolos en Urraca, Íñiga, Jimena o Velasca.
La formación de los patronímicos castellanos tiene también origen vasco. En español no se dice Fernandes como en portugués (sufijo -es) sino Hernández (forma castellana más castiza) o Fernández (sufijo -ez), dado que en euskara este tipo de construcción se realiza con el sufijo -itz (proveniente del genitivo latino -is), que adaptado al castellano se convierte inicialmente en -iz, y al avanzar hacia el sur en la reconquista se convierte finalmente en -ez.
Del nombre vasco Orti (Fortún), por ejemplo, surge el patronímico Ortitz (ortíts; Fortúnez), patronímico que también adquirió el castellano con la forma de Ortiz. El castellano obtuvo, por tanto, este tipo de construcción directamente del euskara; y no del latín como ocurre en el caso del portugués (Fernandes) o del dialecto valenciano del catalán (Ferrandis).
La adaptación latina de la construcción vasca de los patronímicos en -iz se popularizaron a lo largo del siglo XI en todo el tercio norte peninsular, debido al prestigio de la monarquía pamplonesa que gobernó en esta época desde Galicia hasta el Mediterráneo catalán, razón por la cual es común localizar, incluso en Galicia, restos de esta construcción de los apellidos en su toponimia.
El riojano Gonzalo de Berceo (siglo XIII), uno de los primeros escritores en lengua española utilizaba palabras vascas como bildur "miedo" para hacer referencia al diablo ("Don Bildur"), gabe "sin" o "privado de"; o çatico que viene del vasco zatiko "pedacito".
En La Rioja, en el siglo XI, los tratamientos de respeto son a menudo de origen vasco. Era común utilizar la palabra vasca aita (padre) con sus variantes acha (aparece escrito como agga), eita o echa (escrito como egga) para el término "don" o "señor" castellanos (por ejemplo "Eita Gomiz" es equivalente al actual "Señor Gómez"). Un uso que dería lugar también a topónimos como el de Chamartín ("Don Martín" ) o el de Chavela ("Don Vela").
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La forma femenina riojana de eita es anderazo o anderazu (doña o señora) proveniente del vasco andere (señora) + atzo ("anciana" en euskara medieval, actualmente se dice atso); como, por ejemplo, "Anderazo de Fortes" (Señora de Fuertes) o "Anderazo de Clementi" (Señora de Clemente) atestiguadas en los textos.
Otras palabras de origen vasco que podemos encontrar en los textos riojanos son: annaya (equivalente al anaia vasco [el hermano]), ama (madre), amunna (amuña; equivalente al amuña del euskara occidental [abuela]) o eigiga (eichicha; equivalente al aitita del euskara occidental [abuelo]) .
La palabras vascas se utilizaron como título de respeto o de amor y desde allí pasaron a convertirse en nombres propios (Annaia Ferrero) o incluso patronímicos (Garcia Annaiaz).
Eran comunes sobrenombres como Minaya ("mi hermano"; este término se encuentra en el "Poema de Mío Cid", siendo la forma que utilizaba el Cid para dirigirse a su segundo, Álvar Fáñez) o Miegga ( miecha; "mi padre"); o mezclas de nombre vasco (Andre, "señora") y romance o godo (Goto) que dan lugar a uno nuevo como por ejemplo Andregoto, un nombre que fue común tanto en La Rioja como en Aragón, así como en el resto de zonas de habla vasca de la época.
En lengua castellana existen otros préstamos vascos que hacen referencia a prendas de vestir como: abarca, boina, chistera, chamarra o zamarra. Léxico agrícola: cencerro, laya o narria. Nombres de animales, minerales y plantas como: chaparro, garrapata, pizarra, sabandija, sapo o zumaya. Otros ejemplos de términos de origen vasco: alud, aquelarre, ascua, azcona, baldarra, chabola, charro, chatarra, chirimbolo, gabarra, izquierda, mochila, nava, órdago, socarrar o zurrón.
Todavía en la época medieval, era usual escuchar euskara:
En el Pirineo catalán, por ejemplo, en el Valle de Arán (en euskara actual haran [arán; "valle"]) o en Andorra (significa en vasco: "tierra cubierta de arbustos"). La lengua vasca se habló en pueblos pirenaicos de Lérida hasta los siglos XII - XIII.
Se habló también en Aragón (significa en vasco: "el lugar del valle") concretamente en pueblos de la provincia de Huesca y en el occidente de la provincia de Zaragoza hasta el siglo XVIII.
En Huesca capital, la antigua Oska, a partir del año 1349 está atestiguada la prohibición de la utilización de la lengua que dio nombre a Aragón durante cuatro siglos, hasta que finalmente desaparecieron los vascos de ese territorio, fruto de la discriminación cultural por parte de los aragoneses de cultura latina.
En la comarca zaragozana de Las Cinco Villas de Aragón, al sureste de Navarra, se habló euskara ininterrumpidamente desde épocas prerromanas hasta el siglo XVIII. En dos pueblos de la zona llamados hoy Sádaba y Sofuentes se han encontrado inscripciones romanas en las que se leen nombres de persona en euskara. Datos del siglo XVI y XVII nos hablan también de la condición vascoparlante de Sos del Rey Católico (en vasco Zauze [pronunciado sáuse]). No, podemos olvidar, en este sentido, que gran parte de la zona perteneció al obispado de Pamplona hasta el año 1785 dado su carácter vascófono.
Se habló también en la riojana Nájera que fue capital del Reino de Pamplona-Nájera entre los siglos X y XII, reyes navarros se encuentran sepultados en el "Panteón de los Reyes" del monasterio de Santa María la Real de dicha localidad. También se habló en diferentes municipios de La Rioja hasta el siglo XVI. La primera moneda de un reino cristiano peninsular fue acuñada en Nájera en el año 1034 y en su reverso aparece el nombre de Nájera escrito en vasco: Naiara.
En pueblos del Béarn (Francia) fue común escuchar euskara hasta el siglo XVI y se conservó en muchos de ellos hasta el siglo XIX, ahora sólo se habla en varios pueblos fronterizos con el País Vasco y muy reducidamente.
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La Prehistoria |
Sobre los primeros hombres que habitaron el País Vasco poseemos restos en diferentes cuevas vascas, era el hombre de Neanderthal (cuevas de Axlor, Lezetxiki, Olha, Arrillor, Gatzarria...), que vivió en nuestras tierras entre los años 100.000 y 35.000 a.C.. Sin embargo, una nueva especie surgirá entre los homínidos, el homo sapiens sapiens (a la que pertenece la humanidad actual), cuya manifestación europea recibe la denominación de hombre de Cromagnon y que sustituirá al Neanderthal europeo a partir del Paleolítico superior.
En el País Vasco hay más de setenta lugares con señales de ocupación humana durante el Paleolítico superior occidental (desde el 35.000 al 8.500 a.C.), la mayoría son cuevas no muy alejadas de la costa y a escasa altitud, de las más importantes: Santimamiñe (Bizkaia), Ekain (Gipuzkoa) o Isturitz (Baja Navarra). Los que allí vivían eran cazadores que practicaban en cuadrillas el ojeo, acoso y captura de las piezas, para conseguir carne, pieles y cueros, huesos y hastas. Sus piezas preferentes son el ciervo (o el reno, en circustancias climáticas más frías) u otros animales como las cabras montesas y los sarrios en zonas escarpadas, y caballos, bisontes y uros en espacios abiertos y de praderas. Los grupos de cazadores marchaban varias veces al año desde sus zonas habituales de acampada (en las cuevas mejor instaladas) a territorios próximos para abastecerse de otros recursos.
El hombre dibuja figuras de animales, alguna referencia a lo humano y un variado repertorio de signos geométricos de significado desconocido, como pinturas y grabados en las paredes de las cuevas (el arte rupestre) y grabados o relieves sobre soportes menores (el arte mobiliar: en trozos de piedra, hueso, asta o marfil). Su máxima concentración se da en el sudoeste de Europa (Dordoña, Pirineos y cornisa cantábrica) lo que se ha venido a llamar civilización franco-cantábrica o protovasca, cuyo apogeo se da desde el Magdaleniense Medio hasta el Final. Los estudios en paleogenética apuntan a una expansión protovasca en esta época, que se extendió al norte hasta Rusia y al sur hasta Túnez.
El tiempo menos frío y más húmedo del final de la Última Glaciación y el avance del actual clima u Holoceno provoca importantes transformaciones de la cubierta vegetal y la fauna. Durante tres milenios se suceden las culturas del Epipaleolítico antiguo (8.500 / 8.200 a 6.800 a.C.) y del Epipaleolítico pleno o Mesolítico (6.800 a 5.500 a.C.). La sustitución de especies animales requiere el desarrollo de nuevas técnicas de caza y de un equipo de armas eficaz (surgen las flechas lanzadas con arco). Se amplían los recursos alimenticios procedentes de los bosques de hoja caediza (castañas, avellanas, hayucos y bellotas) y de estuarios y marismas costeras. Son frecuentes en el Epipaleolítico y Mesolítico, como despojos de las comidas, restos de peces y acumulaciones de conchas en rincones de las cuevas (por ejemplo en la cueva de Santimamiñe la mayoría son conchas de ostras, pero también de chirlas, lapas, mejillones y caracoles). Para la pesca y el marisqueo había redes, anzuelos de hueso y picos de piedra para desprender las conchas de la roca.
En el Epipaleolítico antiguo se dan la cultura Aziliense y el postaziliense laminar, unas culturas que prolongan y liquidan el Magdaleniense precedente. En el Epipaleolítico antiguo se vive en muchas de las mismas cuevas que a fines del Paleolítico Superior, con similares sistemas de caza e instrumentos; y se da la práctica liquidación del vistoso arte del Paleolítico Superior. Entre otros representan bien el Aziliense (8.500 a 7.500 / 7.000 a.C.) niveles de las cuevas de Santimamiñe (Bizkaia), Bolinkoba (Bizkaia), Lezetxiki (Gipuzkoa), Urtiaga (Gipuzkoa), Ekain (Gipuzkoa) o Isturitz (Baja Navarra). Del postaziliense son representantes el Montico de Txarratu (Álava) y las cuevas navarras de Berroberria y Zatoia.
En el Mesolítico surge el utillaje geométrico que se caracteriza por un sofisticado conjunto de pequeñas puntas de flecha de forma geométrica (trapecios, triángulos y segmentos de círculos). Se datan estos hallazgos en poco antes del séptimo milenio a.C. y sus estratos se entremezclan ya, en muchas cuevas, con los del Neolítico. El espacio habitado del País Vasco se amplía, ocupándose, por primera vez, cuevas o abrigos rocosos bastante alejados de la costa y en latitudes de media montaña: Fuente Hoz en Álava y la Peña, Padre Areso y Aizpea en Navarra. En el Mesolítico final coexisten las tradiciones laminar y geométrica con una incorporación lenta de algunas de las novedades del Neolítico.
En el período Atlántico (5.500 a 3.000/2.500 a.C.) se alcanza el considerado "óptimo climático", más cálido y más humedo que ahora, continúa el desarrollo del Mesolítico y se da la expansión de las novedades del Neolítico.
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El Neolítico |
A lo largo del Neolítico hay cambios de técnicas e industrias (cerámica y pulimento de la piedra), de modos de vida y subsistencia (agricultura, ganadería y un incipiente urbanismo de pequeños poblados con chozas agrupadas); también se dan novedades en iconografía y ritos funerarios. Estos cambios, que en el Próximo y Medio Oriente se dieron masivamente y en poco tiempo (la "revolución del Neolítico"), en el sudoeste de Europa, y por tanto en el País Vasco, se introdujeron a un ritmo lento y de forma espaciada.
Los más importantes yacimientos del Neolítico vasco están en las cuevas de Areatza, Santimamiñe o Kobaederra en Bizkaia; la cueva de Marizulo en Gipuzkoa; en Álava, en las cuevas de Fuente Hoz o Montico de Txarratu; en el caso de Navarra, en Aizpea, Zatoia, Urbasa II, o por ejemplo, en Abauntz; en la costa labortana, en Muliña, donde se han encontrado picos mariscadores de gran tamaño.
Se suceden el Neolítico antiguo (4.500 a 4.000 a.C.) con mínimas novedades técnicas, el Neolítico pleno o avanzado (4.000 a 3.300 a.C.) en que se amplían aquellas innovaciones y se introduce la ganadería y el Neolítico final (del 3.300 al inicio del Calcolítico) en que aparece un ritual funerario megalítico y se expanden la ganadería, la agricultura y el poblamiento al aire libre.
Las cerámicas más antiguas del País Vasco (no decoradas) proceden de Zatoia (Navarra) y Fuente Hoz (Álava) y se fechan entre los 4.400 y los 4.000 años a.C; de ese tiempo son, también en el Neolítico antiguo, fragmentos de vasos cardiales (decorados por impresiones del borde dentado de la concha del cardium) de Peña Larga (Álava). Vasos decorados con apliques plásticos o con incisiones aparecen en el Neolítico avanzado de Los Husos (Álava), Areatza (Bizkaia) y Marizulo (Gipuzkoa).
En torno al año 4.000 a.C. los ocupantes de Zatoia (Navarra) cazaban en su gran mayoría jabalíes, y en menor medida: ciervos, cabras montesas, corzos y algunos caballos, bovinos y sarrios. Los de Aizpea (Navarra) compaginaban la caza de esas especies con la pesca en el vecino río Irati. Hasta el Neolítico pleno (Fuente Hoz [Álava], Abauntz [Navarra] y Marizulo [Gipuzkoa] ) no aparecen en el País Vasco animales domésticos: los restos de ganadería son siempre minoría frente a los de animales salvajes. Sólo en el Neolítico final ( Los Husos [Álava] y Areatza [Bizkaia] ) el aprovisionamiento de carne procedente de animales domésticos superará al que se surte de la caza. Los primeros rebaños son los de ovicaprino y luego los de vacuno y de cerda.
Sólo en el Neolítico avanzado aparecen instrumentos (que abundarán especialmente luego, en el Calcolítico) para el aprovechamiento de recursos vegetales: hojas de sílex que servían para la siega y molinos de mano. En el Neolítico pleno y final se encuentran hachas y azuelas de piedra pulimentada para el trabajo de la madera.
La costumbre del Neolítico de inhumar los cadáveres en el suelo de cuevas (como en Marizulo [Gipuzkoa], Fuente Hoz [Álava] o Aizpea [Navarra] ) se va sustituyendo, desde fines del Neolítico, por depósitos colectivos en galerías interiores de cuevas (como Kobaederra en Bizkaia, Gobaederra y Peña Larga en Álava, Urtao II en Gipuzkoa, y la Peña y Hombres Verdes en Navarra... ) y, sobre todo, en dólmenes. Los muertos están dispuestos ordenadamente en el interior de las cámaras funerarias adornados con colgantes de hueso y piedra, y acompañados de vasijas, armas y otros utensilios.
El catálogo dolménico del País Vasco, dejando de lado lo "tumular", incluye hoy unos setecientos monumentos, casi la mitad de ellos en Navarra. El uso de dólmenes se prolongó durante cerca de dos mil años: los primeros se levantaron en el Neolítico reciente (los más antiguos de La Rioja alavesa pueden datarse en 3.200 a.C.), tuvieron su máxima expansión en el Calcolítico y Bronce antiguo y algunos seguían empleándose en el Bronce Pleno, hasta los 1.500 o 1.300 a.C. El más grande de los dólmenes vascos, el alavés de Aizkomendi. Son mayoría los dólmenes de cámara simple (con una sola estancia principal, de planta cuadrada o poligonal); otros son los de corredor, con una cámara precedida por un corredor o pasillo (como los monumentos de Artajona [Navarra], o de San Martín o el Sotillo en La Rioja ), y las galerías cubiertas.
En el desarrollo de la metalurgia del sudoeste europeo se han definido tres etapas: el Calcolítico (Eneolítico, o Edad del Cobre) del 2.500 a 1.800 a.C.; la Edad del Bronce (antiguo, del 1.800 al 1.500; medio o pleno, del 1.500 al 1.200; y final, en transición a la Edad del Hierro, 1.200 al 900/850 a.C.) y la Edad del Hierro (a partir de 900 u 850 a.C.).
En el Calcolítico y Edad del Bronce abundan las herramientas, armas y utensilios domésticos de cobre y bronce: punzones o leznas, hachas de varios tipos (planas, de rebordes, de talón...), puñales con su base preparada para el enmangue, puntas de flecha, pulseras, anillos, cuentas de collar... En el Calcolítico, el martillado de pepitas de oro produjo alambres o chapitas que sirvieron como joyas: así las de los dólmenes de Trikuaizti en Gipuzkoa y Sakulo en Navarra.
Durante el Neolítico avanzado y el Calcolítico se van abandonando las cuevas como lugar de habitación y se construyen cabañas al aire libre. Entre otros sitios de habitación del Calcolítico y Edad del Bronce destacan las cuevas de Solacueva y Los Husos en Álava y el abrigo de Monte Aguilar en las Bárdenas de Navarra; y es amplia la lista de lugares al aire libre con fondos de cabañas y talleres de industrias líticas (tan interesantes como La Renque en Treviño o los talleres de Álava y de la Navarra media y Ribera).
En el Bronce pleno y final las cabañas se agrupan y dotan de elementos comunes (como pozos, silos o murallas). En algunos de los poblados incipientes de Navarra y Álava hay cerámicas y utensilios metálicos (puñales de remaches, puntas de flecha y algunos ornamentos de bronce) en los que los arqueólogos ven influencias de la Meseta, del sur de tierras vascas.
La cerámica campaniforme aparece en los depósitos funerarios del Calcolítico (2.500 a 1.800 a.C.): la de tipo marítimo y cordado se encuentran en zonas septentrionales del País Vasco (dólmenes de Pagobakoitza, Gorostiaran y Trikuaizti) y la de tipo continental en varios dólmenes más próximos al cauce del Ebro (San Martín, Sotillo, Los Llanos...) y en los sitios de La Renque (Treviño), Tudela y Las Bárdenas (Navarra).
En la excavación de depósitos funarios en cuevas (Lumentxa en Bizkaia y Urtiaga y otras en Gipuzkoa, Gobaederra, Las Calaveras y Fuente Hoz en Álava y otras) o en dólmenes (Aralar [Navarra], Kuartango [Álava], Aizkorri [Gipuzkoa], Rioja...) se han recogido bastantes restos humanos de la época: la muestra, que cubre unos dos milenios entre el Neolítico avanzado y el final de la Edad del Bronce, ha permitido a los antropólogos determinar el predominio de los tipos de la raza pirenaico-occidental o vasca (13) en la montaña navarra y costa de Gipuzkoa y Bizkaia y de los mediterráneo-gráciles en las zonas del sur, existiendo, además, otros grupos minoritarios (paleomorfos, alpinoides...), restos de viejas etnias o procedentes de países lejanos (como los dinárico-armenoides del Bronce final de la cueva navarra de Los Hombres Verdes).
(13) Raza pirenaico-occidental o vasca: tipo racial surgido de la evolución local del hombre de Cromagnon. La antropología engloba el tipo vasco dentro de la raza caucásica. Sus características físicas son las siguientes:
Ortognatismo: perfil recto de la cara prescindiendo de la nariz. Dolicocéfalos con bóveda craneana baja (en Iparralde la dolicocefalia puede atenuarse, e incluso puede convertirse en braquicefalia por influencia del tipo alpino). Rino-prosapia: gran desarrollo vertical de la cara en relación a la longitud de la boca. Estrechez maxilar y mesocefalia: cara triangular con sienes abultadas. Orificio occipital oblicuo: el borde anterior se encuentra muy metido o hundido. Mandíbula inferior: más bien estrecha y la barbilla recogida. La cara es muy alta, así como la nariz, siendo esta última muy saliente y con perfil a menudo convexo. El cabello: predominan los morenos sobre los castaños, siendo los rubios o pelirrojos muy minoritarios y fruto del mestizaje. Los ojos: más bien pequeños, pero muy abiertos, predominando los castaños, garzos y azules, sobre negros, verdes y grises. Comunmente los de tipo vasco se distinguen de sus vecinos latinos por su mayor
estatura y corpulencia, a lo que ha de añadirse cierta tendencia a una coloración más clara de la tez.
Otras diferencias notables han revelado los estudios cromosómicos y serológicos, en especial la extraordinaria frecuencia de individuos Rh negativos. El Rh negativo es común en todas las comunidades humanas de origen prehistórico que han vivido aisladas durante milenios. Los individuos de Rh positivo, aunque actualmente mayoritarios, surgieron de una mutación relativamente reciente en la humanidad.
Los antropólogos indican que el tipo pirenaico-occidental estuvo en tiempos pretéritos mucho más extendido que actualmente. Fuera del País Vasco, aunque en mezcla y de modo atenuado, la influencia somática de este tipo se deja sentir todavía hacia el sur en varias comarcas de Castilla; hacia el este, en varios valles del Pirineo hasta Andorra; y hacia el norte, por el litorial atlántico, habiéndose señalado con bastante probabilidad su presencia incluso en el País de Gales (Reino Unido), como vestigio de la expansión protovasca en Europa durante el magdaleniense.
La masa peninsular española y portuguesa, actualmente, es mayoritariamente de tipo mediterráneo. Desde el neolítico se atisba presencia de individuos de tipos mediterráneo y alpino en el sur del País Vasco. Debido a la emigración a tierras vascas de población latina peninsular, sobre todo a partir del siglo XX, el tipo mediterráneo también es mayoritario en las grandes urbes vascas. En el caso de Iparralde, sobre todo en la zona costera, además de individuos de tipo mediterráneo, existen de tipo alpino (procedentes del centro y este de Francia) y nórdico (procedentes del norte de Francia) debido a la inmigración latina (actual y pasada) proveniente del centro, este y norte de Francia. El tipo vasco, por contra, es común en las zonas rurales del norte de Euskadi, interior de Iparralde y mitad norte de Navarra, debido a su mayor aislamiento con respecto a las corrientes inmigratorias.
Sin embargo, los vascos del futuro no sólo serán caucásicos. Desde principios del siglo XXI ha comenzado un intenso proceso de inmigración procedente de Iberoamérica (amerindios en sus diferentes tipos), del África central (tipos negros guineano y sudanés), del norte de África (tipos caucásicos bereber y sudoriental), del este de Europa (tipos caucásicos báltico-oriental, nórdico, alpino y dinárico) y sínidos del Asia oriental, asentándose estos inmigrantes, no sólo en los grandes núcleos urbanos sino también en zonas rurales, lo que hará que la sociedad vasca futura sea una sociedad mestiza, multiracial y multicultural.
En la transición a la Edad Antigua (o Protohistoria) hay una Primera (de los 900/850 a los 500/450 a.C.) y una Segunda Edad
del Hierro (desde entonces hasta el desarrollo de la romanización). Hacia los 1.000 a 900 a.C. se generalizaron en el sudoeste de Europa innovaciones culturales de origen foráneo: técnicas y decoraciones de la cerámica y de los objetos metálicos, construcciones, ritos funerarios, onomástica y toponimia, creencias religiosas y simbología artística. En ellas se reconocen varias vías de influencia sobre las gentes que entonces poblaban el País Vasco: la "cultura de Las Cogotas" de la Meseta, los pueblos célticos del otro lado del Pirineo y otros grupos de Aragón y Cataluña. Son campesinos que viven de la agricultura y de la ganadería de vacuno, ovino y cerda.
En la amplia lista de poblados de la Edad del Hierro que hoy conocemos destacan Arrola y Gastiburu en Bizkaia, Intxur y Buruntza en Gipuzkoa, el alto de la Cruz de Olaritzu o Berbeia en Álava y la Custodia o el Castillar de Mendabia en Navarra. Mientras que en zonas de la montaña de Iparralde hay recintos fortificados ("castillos" o "campos de César" en la tradición popular) como los de Gazteluzarra de Irisarri o Arhansus.
Las casas se organizan en manzanas y calles; algunos poblados tienen muros, dispuestos a veces en alineaciones concéntricas separadas por fosos. Hay casas de planta rectangular y cubierta a una o dos vertientes (de 80 m² de superficie como media las de La Hoya [Álava] y hasta 110 m² las del Alto de la Cruz [Navarra] ) y otras de planta circular y cubierta en forma de cono (entre los 20 y 30 m² de superficie en los poblados alaveses de Peñas de Oro y Castillo de Henaio). Su construcción es muy cuidada, con un podio de cimentación sobre el que se levantan paredes de piedra o adobe trabadas con pies de madera y, muchas veces, manteadas de barro, estando dotadas de bancos, hogares, silos y hornos; las del Alto de la Cruz de Cortes (Navarra) disponen incluso de despensas y altillos para guardar enseres y de jaulas o cerradas para animales domésticos. Recipientes mayores para conservar el agua y el grano, cerámica varia de cocina, pesas de telar, molinos de mano y morillos forman parte de su mobiliario.
Pulseras, fíbulas, broches de cinturón y botones de cobre o bronce, cajitas cerámicas y vasijas de lujo (decoradas por excisión, acanaladas o pintadas), algunos idolillos y muñecos de barro y varias joyas componen el efectivo de uso personal de aquellas gentes. Los dos cuencos repujados de oro de Axtroki en Bolibar (Gipuzkoa), de los siglos VIII/VII a.C., son una buena muestra de las artes decorativas de la época. En la Edad del Hierro se practica de forma generalizada la incineración de cadáveres, conservándose las cenizas en urnas cerámicas que se depositaban en un pequeño recinto de losas (cista) o bajo túmulos de tierra. Las tumbas de incineración se agrupaban en "campos de urnas" no lejos de los grandes poblados, como las necrópolis navarras de La Torraza de Valtierra y La Atalaya de Cortes y la del poblado alavés de La Hoya.
En la zona pirenaica (límite de Gipuzkoa con Navarra y de Navarra con los territorios de Iparralde), las cenizas del difunto se colocaban bajo un túmulo de tierra y piedras o en una depresión del suelo enmarcada por un círculo de piedras o cromlech (baratzak [barátsak]). Dataciones del Carbono 14 de algunas tumbas de Iparralde muestran su vigencia a lo largo del primer milenio antes de Cristo; en algún caso seguían en uso muy entrada la Edad Media, como restos de los rituales de la antigua religión vasca.
En la llanada alavesa (Landatxo, La Teja, El Fuerte, El Batán, Mendizorrotza y Salbatierrabide) hay "hoyos de incineración" cavados en el suelo: contienen restos de animales, cerámicas y objetos metálicos de tipos que se datan entre el Bronce final y la Segunda Edad del Hierro.
Del Bronce avanzado son figuras de animales pintados en rojo en la Peña del Cantero en Etxauri (Navarra) o grabadas en la Peña del Cuarto en Leartza (Navarra). En el interior de varias cuevas de Álava (Solacueva, Los Moros en Atauri, Latzaldai y Liziti) hay figuras muy esquemáticas de cazadores y animales pintadas en negro: se atribuyen a la Edad del Hierro.
En la Segunda Edad del Hierro aparecen vasijas elaboradas a tomo y -hacia los años 350 a 300 a.C.- las pintadas de estilo celtibérico como las de La Custodia, Castejón, Leguín y Sansol en Navarra, y La Hoya, en Álava. Se han hallado aperos de hierro para la labranza y arreos de caballo en los niveles finales de La Hoya (Álava), en Etxauri (Navarra) y en el poblado tardío de San Miguel de Atxa (Álava). Esos y otros poblados irán acogiendo la romanización.
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Las tribus vascas |
El geógrafo griego Estrabón (63 a.C. - 24 d.C.) nos indica la localización de las siguientes tribus, que actualmente, con los datos que poseemos, las consideramos como vascas: aquitanos, autrigones, caristios, várdulos y vascones.
Estas tribus se extendían al norte hasta casi Burdeos, al sur hasta el río Ebro, al oeste hasta parte del este de Cantabria, y al este, hasta parte del Aragón noroccidental; aunque gentes de habla vasca se extendían ya por el Pirineo peninsular hasta Cataluña, al menos desde el siglo III-II a.C.
Aquitanos: esta tribu se extendía por el sudoeste de Francia, al norte hasta el río Garona (hasta casi Burdeos) y al sudeste hasta los Pirineos en el Valle de Arán, en la provincia de Lérida. El geógrafo griego Estrabón diferenciaba netamente a los aquitanos de los galos del norte, mencionando precisamente sus lenguas como signo distintivo, al tiempo que apuntaba las similitudes aquitanas con los habitantes surpirenaicos.
Estrabón († año 25 d.C.) en su "Geografía": "Los aquitanos son completamente diferentes (de los demás galos) no sólo lingüística sino corporalmente, y más parecidos a los íberos que a los galos". Y un poco más adelante: "Para decirlo claramente: los aquitanos se diferencian de la tribu de los galos en la constitución corporal y en la lengua, y se parecen más a los íberos". En estas frases se suele interpretar que más que referirse a los iberos propiamente dichos, Estrabón se está refiriendo en su comparación indistintamente a todos los habitantes del sur pirenaico, sobre todo a íberos y vascos.
Los aquitanos no formaban un conjunto compacto, sino que a su vez estaban divididos en diferentes etnias las más inportantes de norte a sur fueron: Boiates, Vasates, Lactorates, Elusates, Tarusates, Biguerri, Tarbelli, Auscii, Venarni, Ilurones, Convenæ y Consorani.
Una de estas etnias aquitanas eran los Sibulates documentados también como Sibyllates o Sybillates. El sufijo -ates servía en latín para denominar a las pueblos; mientras que las raices sibul- sibyll- o sybill- hacen alusión a la tierra en la que habitaba este pueblo. Sibul así como el resto de formas fueron las adaptaciones latinas del topómino vasco arcaico Zubel, posiblemente con el significado de "madera negra u oscura". Un topónimo al que con el paso del tiempo se le añadiría el sufijo vasco -oa con el significado de "tierra o comarca", existente en otros topónimos vascos (Gizpuzkoa, Nafarroa, Aezkoa...), dando lugar a Zubeloa ("Tierra de la madera negra u oscura"). La /l/ intervocálica se convertiría en la Edad Media en /r/, evolución común en la fonética vasca (Zubeloa>Zuberoa; ili>hiri [ciudad]; Alaba>Araba [Álava] ) dando lugar, finalmente, al actual Zuberoa, que es una de las regiones que integran el País Vasco.
De la romanización de la población de habla vasca de Aquitania surgiría el actual pueblo gascón y su lengua latina.
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Aquitano |
Euskara |
Español |
| Iluni | Ilun | Oscuro |
| Nescato | Neskato | Muchacha |
| Bihox | Bihotz | Corazón |
| Baigorrixo | Ibai gorri | Río Rojo |
| Anderexo | Andere | Señora |
| Umme | Ume | Niño |
| Har-belex | Harri beltz | Piedra Negra |
| Sahar | Zahar | Viejo |
| Sesen | Zezen | Toro |
| Sembe | Seme | Hijo |
Autrigones: se extendían desde el río Asón de Cantabria hasta el río Nervión en Bilbao y al sur hasta parte de Álava, La Rioja y Burgos. De su romanización surgiría el actual pueblo castellano y su lengua latina.
Caristios: del río Nervión al oeste, hasta el río Deba en Gipuzkoa y al sur hasta parte de Álava. La irrupción con mayor fuerza del cristianismo en la antigua Caristia introdujo gran número de palabras latinas, lo que hace que el euskara de los descendientes de los caristios, los actuales hablantes de vizcaíno o dialecto occidental, posea, en comparación con otros dialectos, el mayor porcentaje de términos de origen latino.
Várdulos: al oeste desde el río Deba en Gipuzkoa, hasta parte de Navarra y al sur hasta parte de Álava. De ellos descienden los actuales hablantes de guipuzcoano o dialecto central del euskara.
Posiblemente el término de origen celta várdulo proceda de la raíz Bar- ("limite", "extremo", "marca fronteriza" en este caso) por lo que Vardulia significaría "tierra fronteriza". Esta traducción viene avalada también por la del actual topónimo Gipuzkoa, que proviene de la raíz vasca Ipu- ("borde", "límite") al que se le añade el sufijo -oa que significa "comarca", "tierra"; su unión da lugar a Ipuzkoa (en el año 1025 d.C. aparece por primera vez escrito este topónimo como "Ipuçcoa") siendo la /g/
inicial un sonido añadido para facilitar su pronunciación. La voz Bardulia/Vardulia, con el significado también de "tierra fronteriza", la veremos reaparecer en la Crónica de Alfonso III de Asturias referida a la Castilla Nuclear (original) o Vétula (vieja) en el siglo VIII d.C.
Vascones: Fue la tribu en la que surgió la base del euskara común. Los vascones ocupaban toda Navarra, y parte de Alava, Gipuzkoa y la Rioja.
Las ciudades de Kalagorri (latín > Calagurris; castellano > Calahorra; localidad riojana), Tutera (latín > tutela; castellano > Tudela; localidad de la ribera navarra) e Iruñea (latín > Pompaelo; castellano > Pamplona; capital de Navarra) eran vasconas.
El término vascones, que proviene del celta barskunes, posee la raíz Bhar-s-, bien atestiguada en celta con la significación de "cumbre", "punta", "follaje", con lo que el significado de esta palabra podría ser "los montañeses", "altos" o "altaneros". Comunmente se suele aceptar como válida la traducción de "los montañeses". El resto de las tribus, exceptuando los várdulos, no poseen una traducción del nombre de su tribu que sea aceptada ampliamente.
En el año 196 a.C. llegaron los romanos a tierras del País Vasco, con los que los antiguos vascos vivieron en paz y en cooperación. Solamente se puede encontrar feroz oposición a la conquista romana en los aquitanos. Cuando los romanos atacan a los aquitanos, éstos, para pedir ayuda, no se dirigen a los galos, sino a los habitantes éuscaros del sur pirenaico, que a ellos les resultaban más próximos al ser culturalmente afines. Sabemos que esta ayuda surpirenaica les llegó de la mano de caudillos experimentados en la lucha junto a Sertorio y que entró en acción en Aquitania en el año 56 a.C. contra las legiones de César.
El País Vasco formó parte del Imperio desde antes del cambio de era, mucho antes que otras provincias como Britannia o Dacia, por ejemplo, y que a diferencia de esta última mantuvo su antigua cultura ante la inmensa presión latina. Las tribus vascas se vieron divididas en dos grandres demarcaciones políticas, por un lado Hispania (autrigones, caristios, várdulos y vascones) y las Galias (aquitanos) y provincialmente entre la Tarraconense (Hispania) y la Novempopulania (Galias).
Tanto los romanos como las tribus vascas poseían los mismos enemigos comunes, lo que daría lugar a un buen entendimiento. Mientras los romanos colaboraron con las tribus vascas en expulsar a los celtas (llegados a tierras pirenaicas a partir del siglo VIII a.C.), las tribus vascas colaboraron con los romanos en sus guerras contra los cántabros y astures de origen celta.
Como aliadas imperiales que eran las tribus éuscaras, las zonas que eran conquistadas por los romanos a los celtas o íberos, eran posteriormente repobladas por grupos humanos de estas tribus vascas, lo que conllevó una extensión del euskara hacia el sur y afianzamiento de ésta hacia el este. Un ejemplo de ello, lo tenemos en Aragón, donde los vascones colaboraron con los romanos en las guerras contra los celtíberos. Una vez derrotados en el año 72 a.C., la colaboración vascona fue recompensada por los romanos con la jurisdicción sobre amplios territorios del Aragón occidental. Estos territorios, al sur, llegaban a 15 km de Salduia, la que después de su conquista sería llamada por los romanos como Cæsar Augusta, la actual Zaragoza.
Fue tal el grado de sintonía debido al respeto de los romanos a las diferentes tribus vascas y sus territorios, que incluso, hubo vascos enrolados en las legiones romanas en sus guerras contra los britanos. Unas guerras acaecidas en lo que hoy en día es conocido con el nombre de Gran Bretaña. Habiendo sido encontradas lápidas mortuorias de la época romana, con nombres eusquéricos, cerca de Londres, antigua Londinium romana.
A través de esta buena relación, se asentarían colonos romanos al sur de las tierras de estas tribus y en zonas mineras como las de Somorrostro en Autrigonia (Bizkaia) o en las llanadas de Aquitania, lo que daría lugar a las colonias romanas de la Novempopulania (nueve pueblos), en lo que hoy en día se conoce como Gascuña. Unos asentamientos que darían lugar siglos después al surgimiento de las lenguas y pueblos latinos de Castilla, Aragón y Gascuña, fruto de la romanización de la población vasca.
Tradicionalmente para explicar la pervivencia del euskara se ha considerado a los vascos como un pueblo primitivo, aislado secularmente del resto de los pueblos que le rodeaban y que no participó de la civilización romana, por ser una tierra de bajo interés económico para el Imperio Romano. Los hallazgos arqueólogicos en tierras vascas continuamente desmienten estas teorías, dado que demuestran que la romanización, en todos los aspectos, fue muy superior a otras tierras de la Romania. Aunque esta romanización, fue más notable al sur de las tribus vascas, en las zonas costeras y en la Aquitania. Si pervivió la cultura vasca, fue por la colaboración, buen entendimiento, y alianza de las tribus vascas con los romanos, no por un aislamiento que nunca existió. Si bien ayudó a esta supervivencia el que tardiamente se desarrollara el Mare Externum ("Mar Exterior"; Océano Atlántico) como zona económica de interés para el Imperio, lo que posibilitó que la zona vasca quedara al margen de los intensos flujos migratorios que se dieron en otras zonas de la península o en Aquitania (por su alto interés agrícola).
En las tierras vascas hubo minas, por ejemplo, en Arditurri (Oiartzun, Gipuzkoa), Banka (Baja Navarra), Lantz (Navarra), Eskoriatza (Álava) o en Somorrostro (Bizkaia) donde se extrajeron minerales (hierro, plata...) para exportarlos a diferentes partes del Imperio Romano; producción de cerámica en Pamplona (Navarra) o en Donazaharre (Saint-Jean-Le-Vieux; Baja Navarra); producción de vino en Falces y en Funes (Navarra); industria de salazón en la Getaria guipuzcoana y también en la labortana (topónimo proveniente del latín Cetaria, "salazón"); termas romanas en Fitero (Navarra); calzadas que unían las principales ciudades vascas con Roma; puertos en la costa vasca como Oiasso (Irún, Gipuzkoa) que comunicaban con cualquier parte del Imperio. Otro ejemplo de esta falta de aislamiento y por contra, del comercio existente, se encuentra en el hallazgo de diversas monedas acuñadas en tierras vasconas por la administración romana, ya desde los primeros años de su dominación, y que han sido encontradas en diferentes partes de la geografía vasca (en la parte inferior izquierda denario vascón datado en la segunda mitad del siglo II a.C. ).
Anverso: Cabeza masculina barbada a derecha. Peinado con rizos de arcos pequeños juntos. Detrás leyenda Benkota en escritura paleohispánica (población vascona de localización incierta).
Esta escritura era utilizada por gran parte de los pueblos de la península ibérica. Aunque de origen tartesio, fue utilizada mayoritariamente para escribir textos en íbero. Siendo el íbero, posiblemente, lingua franca peninsular para muchos pueblos prerromanos antes de la llegada de los latinos. En menor medida, como en esta moneda, también se utilizó la lengua celtíbera para escribir con caracteres paleohispánicos, dado que en esta zona el celta era la lingua franca.
Reverso: Jinete con espada a derecha. Debajo leyenda Baskunes (Vascones) en escritura paleohispánica.
Uno de los principales hallazgos arqueológicos de esta época, y que vuelve a rebatir las teorías de la pervivencia del euskara por falta de romanización, ha sido el reciente descubrimiento del puerto romano de Oiasso (u Oiarso), en la actual Irún. Irún se encuentra en la región de Gipuzkoa, el territorio en donde se conserva la cultura vasca con más fuerza. En esta localidad ha aparecido la estructura de madera del muelle y el varadero de la ciudad de Oiasso. Además, cerca de una necrópolis ya conocida, han aparecido unas termas; otras prospecciones dibujan un núcleo urbano de 12 a 15 hectáreas, con una planta reticular, en donde había almacenes, tiendas y talleres. Se cree que también poseía un foro y un teatro.
Oiasso era la base comercial de la rutas marítimas desde la que partía la distribución de mercancías hacia el interior, al valle del Ebro y a la gran calzada romana XXXIV, la Asturica Augusta (Astorga, León) - Burdigala (Burdeos, Aquitania). Hasta Oiasso llegaba también la calzada que partía de Tarraco (Tarragona), a través de Ilerda (Lérida) y Osca (Huesca). Las ánforas halladas en Oiasso demuestran que, incluso al final del Imperio Romano, el aceite y el vino de Bizancio (la actual Estambul turca) llegaban regularmente a los puertos atlánticos.
Oiasso además de dedicarse al comercio marítimo y ser uno de los principales puertos del Mare Externum, se dedicaba también a la minería. En las peñas de Aia, han localizado tres kilómetros de galerías romanas junto a las explotaciones modernas, unas minas que se dedicaban a la extracción de plata. El hallazgo de galerías de drenaje, notable ejemplo de ingeniería hidráulica romana, indica que había detrás toda una estructura administrativa.
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Los Visigodos y los Francos |
En la decadencia del Imperio Romano, surge el vacío de poder y las razzias de los pueblos germanos. En el año 409 d.C. los alanos, vándalos y suevos penetran en la península ibérica a través de los Pirineos. En el 418 los visigodos se asientan en Aquitania. En el 476 se da fin al Imperio Romano de Occidente. En el 481 los visigodos ocupan Pamplona y otras ciudades vasconas y de la provincia Tarraconense. En las ciudades vasconas dominan esencialmente la política los vasco-romanos medianamente romanizados.
La expansión franca a lo largo del occidente europeo comenzó en el año 486 en el que se dieron por concluidas las últimas posesiones romanas en Galia, al derrotar Clodoveo a Siagrio en Soissons. En el año 506, los francos llevaron campañas en contra de los alamanes, siendo éstos derrotados en Tolbiac. En el 507, los francos derrotaron a los visigodos en Vouillé, dando fin al reino visigodo de Tolosa, con lo que los visigodos se centraron solamente en la península ibérica. En el 531 conquistaron el reino de los turingios y en el 534 sometieron el reino de los burgundios. Consecuencia de todo ello fue la creación, bajo Clotario I, del Regnun Francorum o Reino de los Francos que se extendía desde la Mancha hasta el Danubio medio y desde el Saale hasta, teoricamente, los Pirineos. Teoricamente, porque Aquitania y Vasconia constituyeron siempre para los francos y los visigodos un auténtico quebradero de cabeza que ni el propio Carlomagno, que poseyó el ejército más poderoso de la época, pudo solucionar a su gusto.
Las relaciones de los vascones con los visigodos y los francos no fueron buenas, las guerras se sucedieron ininterrumpidamente durante tres siglos. Los visigodos dieron tanta importancia a dominar a los vascones que sus reyes se daban el título de Vascones Domuit ("Dominó a los Vascones"), algo que nunca consiguieron. Como campañas y expediciones más importantes de los reyes visigodos y francos contra los vascones desde el siglo VI hasta la invasión árabe de la península podemos destacar:
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Cronología |
Acontecimientos |
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541 |
Expedición franca de Childeberto y Clotario. |
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581 |
Campaña visigoda de Leovigildo. Derrota del dux (duque) franco Bladastes a manos vasconas. |
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590 |
Campaña visigoda de Recaredo |
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602 |
Expedición franca de Teudoberto II de Austrasia y Teodorico II de Borgoña. Estos imponen a los vascones a Genial como Dux. |
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610 - 612 |
Campaña visigoda de Gundemaro. |
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621 |
Campaña visigoda de Suintila. |
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626 |
Sublevación vascona en tiempos del dux Aighina, sucesor de Genial. |
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635 |
Gran expedición franca de Dagoberto. Victoria parcial de los vascones sobre el dux franco Arimberto. |
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642 |
Campaña visigoda de Chindasvinto. |
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653 |
Rebelión del visigodo Froya contra Chindasvinto. Froya fue apoyado por las huestes vasconas. El ejército vascón ataca Zaragoza, saqueándola y haciendo un gran número de prisioneros. |
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671 |
Alzamiento vasco-aquitano contra el poder franco. |
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672 |
Expedición franca de castigo del merovingio Clotario III contra los vascones. Rebelión de Paulo en la Septimania contra el rey visigodo Wamba. El ejército vascón apoya a Paulo. |
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711 |
Campaña de Rodrigo contra los vascones que fue aprovechada por los árabes para invadir la península. |
Hasta épocas recientes, como hemos indicado en el apartado dedicado al Imperio Romano, se ha considerado a los vascones (nombre con el que a partir de esta época fueron denominadas todas las tribus vascas) como un pueblo salvaje y primitivo sin ninguna organización interna. Los hallazgos arqueológicos en las necrópolis de Aldaieta (cerca de Vitoria) y Buzaga (Elortz, Navarra) están replanteando el estudio de la historia vasca del siglo VI al VIII. Así como el replanteamiento de los hallazgos de la misma época en Pamplona. En los ajuares de estas necrópolis encontramos armamento abundante que difiere totalmente de los visigodos o hispanovisigodos que no poseen armamento alguno. Así como la utilización de un tipo de armamento (hachas de combate, lanzas, espadas, puñales...) que hasta ahora solamente se podía encontrar en Aquitania. La cerámica, bronce y vasos de vidrio, cubos de madera hechos con un estilo que, otra vez, solamente se habían podido encontrar en una de las zonas más romanizadas de la Europa occidental, Aquitania. Los enterramientos de esta época, por tanto, no tienen nada que ver con la imagen ruda, primitiva y salvaje con la que se ha dibujado a los vascones de esta época. Los enterramientos vascones difieren totalmente con los visigodos o hispanovisigodos y se asemejan a los aquitanos.
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Estas necrópolis demuestran que con el declive del Imperio Romano y posterior invasión de las tribus germanas, a ambos lados de los Pirineos, se comienza a crear un poder político nuevo, continuador de la forma de vida romana, en el que lo vascón y lo aquitano se desdibujan en los propios cronicones merovingios (francos). Un nuevo poder vasco-aquitano que constituyó el último bastión en la Europa occidental, que defendió la permanencia de las instituciones y forma de vida romanas frente a las invasiones germanas, enfrentándose, al norte, con los invasores francos, y al sur, con los invasores visigodos y que fue capaz de desarrollar una red de núcleos defensivos estables, con un armamento eficaz y renovable periodicamente, permitiéndole, por ejemplo, derrotar al ejército más importante de la época, al ejército imperial de Carlomagno, en la la batalla de Orreaga (Roncesvalles, Navarra).
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El surgimiento del Ducado de Vasconia |
Con el declive del Imperio Romano en la segunda mitad del siglo III d.C., empezó un reforzamiento y mestizaje de las tribus vascas, con una mayor intercomunicación entre las distintas tierras de habla éuscara y con una fuerte autonomía política del conjunto respecto a la administración imperial. Esa autonomía y cohesión de la población vasca se reafirmó con el comienzo de las invasiones germánicas a partir del año 400, en la que los vascos, bajo el liderazgo de los vascones de Navarra, se unen para defender las instituciones y forma de vida romanas, frente a lo que consideraban bárbaros germanos. De manera que, si el debilitamiento del poder romano había permitido la potenciación de una cohesión interna vasca, la llegada de los visigodos se produjo ya ante una comunidad vasca bastante compacta y económicamente expansiva.
El hecho de que en las crónicas romanas se hablé de diferentes tribus vascas y que en las crónicas franco-visigodas se pase a hablar solamente de vascones como un todo, nos indica que esta tribu cuyo núcleo original se encontraba en Navarra, fue la que lideró a las demás, asimilándolas dentro de su seno. Este proceso de unificación dio lugar al surgimiento del euskara común (uniformización de los dialectos del euskara hablados por cada una de las tribus vascas en un único idioma) y a la extensión definitiva del término Euskal Herria con el que todos los vascos denominarán a su tierra, así como de la palabra euskaldun (euskáldun; vasco) con la que se autodenominarán.
En la batalla de Vouillé, en el 507 los visigodos fueron derrotados por los francos, la consecuencia inevitable fue la perdida de Aquitania y la Novempopulania hasta la barrera de los Pirineos. Si bien tradicionalmente se sitúa la fecha de la expansión vascona en Aquitania en el 587, los asentamientos vascones probablemente se dieron con anterioridad aprovechando el vacío de poder generado por el escaso control de Aquitania que tenían los francos.
No podemos hablar de una conquista vascona de estas tierras sino de una redistribución pacífica de la población vascona, en tierras al otro lado de los Pirineos que culturalmente eran afines, algo que ha quedado demostrado por los hallazgos arqueológicos en Aldaieta y Buzaga. Una redistribución de la población vascona causada por las incursiones visigodas al sur de las tierras vascas.
Este asentamiento vascón no obtubo resistencia por parte de los aquitanos romani (aquitanos romanizados) de las urbes, ni por los aquitanos de los pueblos y aldeas que seguían hablando aquitano (dialecto del euskara hablado en Aquitania).
Aquitanos y vascones compartían los mismos enemigos comunes, francos y visigodos, que ambicionaban dominar sus tierras. La única resistencia al establecimiento de los vascones en Aquitania, fue mostrada por los francos, dado que esto reforzaba en población a los contrarios a su dominio sobre toda Aquitania.
Después del 587, tras el fracaso del duque Astrovaldo, que trató de combatirles sin conseguirlo, se llegaría a un acuerdo para el establecimiento pacifico de los vascones en las tierras llanas de Aquitania. Los vascones pagarían los tributos pero los territorios en los que habitaban se constituían en un ducado, donde de hecho, podrían gobernarse según sus propias leyes. Surgiendo el Euskal Herriko Dukerria (éuskal érrikó dukérri-á) o Ducado de Vasconia (14), un ducado virtualmente independiente, pero bajo la dirección de un dux ("duque", con sus correspondientes colaboradores y séquito) designado por la Corte Merovingia. Una vez realizado el establecimiento, los vascones conservarán sus costumbres y su lengua, y al estar establecidos en una zona geograficamente homogénea, constituyeron un Estado dentro de otro Estado. La capital histórica de Vasconia, Pamplona, dejará de serlo, y pasará a ostentar esta capitalidad Elusa (la actual Eauze francesa) menos expuesta a los ataques invasores. Parece que durante estos años se produjo una intensa vasconización de las capas humildes de la población aquitana, singularmente la menos romanizada, mientras que las capas más romanizadas dieron origen al pueblo gascón, de habla románica (15). Con el paso de los siglos mientras el gascón iba extendiéndose en aquella Euskal Herria del Norte que se extendía hasta el río Garona (zona media de la actual Francia), el euskara irá paulatinamente perdiendo hablantes.
(14) Wasconia: el topónimo latino Vasconia en esta época es escrito a menudo como Wasconia, evolucionando posteriormente a Guasconia y después a Gasconia. De esta última forma derivan las actuales: Gaskonia (en euskara), Gasconha (en gascón), Gascoigne (en francés) y Gascuña (en castellano).
(15) Gascón (adaptación fonética occitana del término vascón): dialecto vasco-occitano del suroeste de Francia que surgió de la romanización de la población de habla vasca que habitaba desde épocas prerromanas la antigua Aquitania.
Algunos lingüistas consideran el gascón como lengua independiente, por las notables diferencias que posee con el resto de los dialectos de la lengua occitana, fruto de la influencia del euskara en su evolución lingüística. De hecho, ya en la Edad Media, los propios occitanos consideraban al gascón una lengua extranjera, diferente a la suya. A continuación se indican las características fonéticas del gascón:
a) La /f/ latina evoluciona a /h/ por influencia de la fonética vasca:
Occitano Gascón Español Fort Hort Fuerte Futur Hutur FuturoEsta evolución la podemos encontrar también en el español o en el euskara:
Castellano Meridional Antiguo Castellano de Burgos Facer Hacer Forno Horno
Latín Euskara Español Fundus Hondo Fondo Fornitura Hornidura AbastecimientoSi bien en gascón sigue pronunciándose la h aspirada; en castellano, por el contrario, casi se ha perdido y es muda. Se conserva en pocas palabras evolucionada ya, en muchas ocasiones, al sonido /x/ (sonido jota del español), utilizándose, en general, en algunas palabras de los dialectos meridionales de España o de América o en vulgarismos.
b) Vocal protética ante r- :
Occitano Gascón Español Riu Arriu Río Romanica Arromanica RománicoOcurre también en español y euskara:
Italiano Español Ruga Arruga Rancare Arrancar
Latín Euskara Español Rarus Arraro Raro Regem Errege Reyc) Caída de -ll- intervocálica > r que puede aproximarse a vasco -l- o -n- > -r-:
Occitano Gascón Español Aquella Aquera Aquella De la Dera De la
Latín Euskara Español Cælum Zeru Cielo Animam Arima Almad) Pérdida de la /n/ intervocálica tal y como ocurre en euskara o en gallego:
Occitano Gascón Español Luna Lua Luna Laguna Lagua Laguna
Latín Euskara Español Catenam Katea Cadena Coronam Koroa Coronae) Conversión de la /v/ latina en /b/, oposición entre /r/ y /rr/ al igual que en castellano y el resto de lenguas que se hablan en el territorio que abarcaba la antigua civilización protovasca o franco-cantábrica.
A lo largo de la Edad Media, el gascón, por la estrecha relación que tuvo el Reino de Navarra con Gascuña (perteneció al Reino de Pamplona-Nájera en el siglo XI, y posteriormente, algunos de sus territorios, estuvieron integrados dentro de la corona navarra); hubo muchos hablantes de este idioma que se asentaron en Gipuzkoa y en Navarra, de lo que da cuenta la abundante toponimia de origen gascón en estas regiones: el monte Urgull (orgullo en gascón) o Miramón (Miramont) de San Sebastián, Mondragón (Montdragon), Pasajes (Passages), Segura, Villafranca (Vilafranca), Villabona (Vilabona)... La misma forma Donostia, es una adaptación vasca de la forma de designar San Sebastián en gascón. Fue el idioma que sustituyó tardiamente (antes de la desaparición del Reino de Navarra), a la lengua castellana, en la redacción de los documentos oficiales de dicho reino. El gascón, se dejó de hablar en el País Vasco peninsular a principios del siglo XX, concretamente en Pasajes (Gipuzkoa), que fue la última localidad peninsular vasca con hablantes de este idioma. En Iparralde, el gascón, se puede escuchar en el extremo norte de la costa labortana, en la localidad bajo navarra de Bastida y en pueblos de Zuberoa fronterizos con el Béarn. En la península ibérica se habla en el Valle de Arán donde se puede escuchar la variante aranesa de dicho dialecto. El gascón fue el habla que fue sustituyendo al euskara en el Valle de Arán (en euskara actual: haran ["valle"] ) a partir de los siglos XII - XIII.
En el año 602 la expedición de Teudoberto II de Austrasia y Teodorico II de Borgoña contra los vascones acarrea el que se imponga a Genial como dux (duque). En el año 626 los vascones se sublevaron contra el dux Aighina, sucesor de Genial. Con la llegada de Dagoberto I (629), la autoridad de los francos se reafirmó en todo el reino. Los vascones, después de haber sufrido serios reveses, se resistieron a someterse por un tiempo (635). Pese al deseo franco de volver a las fronteras de Augusto y de reconstituir el reino de Eurico, no pudieron, a la muerte del "buen rey", oponerse al desmembramiento de su territorio. Con la llegada de los reyes holgazanes, la carencia de poder iba a permitir a Vasconia retomar su autonomía. Sus nuevos jefes se apoyaron en la feudalidad laica y sobre todo en el episcopado.
Con el fallecimiento de Dagoberto I (638), la monarquía merovingia iniciaráun progresivo proceso de debilitamiento, del que sabrá sacar beneficio el viejo particularismo aquitano, para ir consolidando paulatinamente un poder político, que pronto llegará a actuar al margen del control de los reyes francos. Este proceso, resultado del perfecto entendimiento entre las ambiciones de la aristocracia local aquitana y los colectivos vascones, utilizados como fuerza militar al servicio de aquellas, será lento pero imparable. Esta alianza vasco-aquitana conllevará el que los ducados de Vasconia y Aquitania sean dirigidos por un único dux que unirá las fuerzas de los aquitanos romani y de los vascones en contra de los francos y visigodos. Los dux que gobernaron Aquitania y Vasconia fueron tanto de origen vascón como de origen aquitano.
El mayordomo neustrio Ebroíno con la intención de mantener bajo control los territorios meridionales del reino franco concedió a Félix el principatum sobre todas las ciudades hasta los Pirineos y sobre el pueblo de los vascones. Lo que fue aprovechado por este para generar un poder político vasco-aquitano al margen de los francos. Su sucesor el vascón Lupo [ latinización del patronímico vasco Otsoa (ochóa), "el Lobo"] iba a acelerar cualitativamente este proceso enfrentándose abiertamente contra los francos, y apoyando la rebelión septimana en contra del monarca visigodo Wamba. El proceso, imparable ya, se consolidará de forma aún más evidente con el aquitano romani Eudón. Este principado vasco-aquitano de Eudón llegó a convertirse en un ejemplo para toda la Galia y el único árbitro del conflicto entre Austrasia y Neustria lo que le supuso el reconocimiento de su independencia y el título de regnum (reino). Eudes, a través del ejército vascón, punta de lanza del principado vasco-aquitano, extendió su influencia hasta el
Loira (718). Este principado, en su máxima expansión se extendió a un lado y otro de los Pirineos, desde el Loira (cerca de Bretaña) hasta el Ebro, al oeste hasta Cantabria y al este hasta Girona, abarcando por tanto, gran parte del actual estado francés.
La Estrella y la Media Luna vasconas: la estrella de ocho puntas, así como la media luna invertida representan dos de los símbolos vascones más antiguos que se han conservado hasta la actualidad. Además de estar presentes en la heráldica familiar y de localidades de todo el País Vasco como la Estrella Vascona del escudo de Estella (Navarra) o de la Navarrería (16) de Pamplona, también estuvo presente en el escudo de Navarra en su forma inicial. El actual escudo de
Navarra no es más que una evolución de este símbolo vascón.
(16) Navarrería: término que procede del vasco medieval nabar (navarro) más el sufijo vasco de origen latino -eria que significa "conjunto de" y que es común en la deverivación vasca [ gazteria (juventud), gizateria (humanidad), tresneria (utilllaje)... ]. Por lo que la palabra vasca nabarreria significa "conjunto de navarros".
Se debe recordar que en la Edad Media se utilizaba la palabra navarro en un sentido tanto étnico (hablante de euskara) como político (vascón independiente del poder franco o asturiano), dado que la población de habla latina aragonesa, en su mayoría, comenzó a formar parte tardiamente del reino, cuando los euskaldunes (vascos) del centro y norte de Navarra extendieron la reconquista hacia las tierras llanas de la ribera del Ebro, gobernadas hasta entonces por los musulmanes; unos territorios que también estaban habitados por vascoparlantes, a tenor de los textos del siglo XIV de Tudela y de otras localidades ribereñas, en los que aparecen personas con nombre árabe y sobrenombre vasco. Tudela, la principal ciudad de la ribera navarra, no formó parte de Navarra hasta 1119, una época en la que el reino navarro se encontraba ya en clara decadencia. El apellido Navarro, por ejemplo, en sus orígenes, fue un sobrenombre romance que hacía alusión a la condición vascoparlante del que lo portaba.
En el año 1587, setenta y cinco años después de la conquista castellana, el español, lengua que sustituyó paulatinamente a partir del siglo XIII a la lengua aragonesa hablada en la ribera navarra, solamente abarcaba un tercio del territorio navarro. Todavía en el siglo XVIII el euskara era la lengua coloquial en Pamplona, por lo que resulta lógico que en la Edad Media lo navarro se asociara a lo vasco, dado que lo latino no formó parte de lo navarro hasta que los navarros euskaldunes extendieron la reconquista hacia el sur.
El considerar lo latino, también, como algo navarro, no se daría hasta la dominación de Navarra por las dinastías francesas en el siglo XIV, cuando la ribera navarra se convirtió, ya desde el siglo XIII, en el motor económico del reino; lo que conllevó que la lengua mayoritaria de la zona, la aragonesa (la segunda lengua era la vasca), alcanzara el rango de lengua oficial en 1350, sustituyendo al latín en la redacción de los documentos de la corte. Si bien fue corta esta oficialidad, dado que a finales del siglo XIV principios del XV, el castellano, debido a la potencia política, económica y por tanto cultural de Castilla, había consumado la absorción de la lengua aragonesa y se comenzaron a redactar los documentos en castellano. La actual situación cultural navarra en la que el euskara es solamente hablada cotidianamente por el 10% de la población y otro 10% lo entiende, es el resultado de la dominación española de Navarra durante cinco siglos, que han acarreado la progresiva desaparición de la cultura y la identidad propia de los navarros.
Los reyes de Navarra establecieron en las proximidades del Camino de Santiago a habitantes del Mediodía de Francia -gascones y occitanos en general- para que desarrollaran el comercio y las producciones nuevas. Esta nueva situación acarreará que las zonas que serán pobladas por los nativos de habla vasca, en los cascos antiguos de las principales localidades navarras -Pamplona, Puente la Reina, Estella, etc.- comiencen a recibir el nombre de Navarrería.
En la Edad Media, Pamplona, crecerá englobando a una basta población de orígenes distintos. Esto dará paso a una separación consciente de sus habitantes, por sus distintos orígenes y clases sociales, básicamente en tres barrios: Navarrería (poblada por campesinos navarros y cuyo centro era la Catedral), San Cernín (poblada por comerciantes de origen occitano que se desarrolla alrededor de la iglesia de San Saturnino) y San Nicolás (donde hay una mezcla de ambos siendo la iglesia de San Nicolás su centro neurálgico).
Sus diferencias se agudizaran de tal manera que se enfrentarán entre ellas, dando paso a una fortificación interna de cada barrio (tres amurallamientos dentro de una ciudad amurallada) con cada una de las iglesias realizando funciones de fortaleza.
Sancho VI el Sabio otorga a la Navarrería de Pamplona en 1189 el privilegio de los burgueses de San Saturnino: ...ut illam partem Pampilonensis civitatis que Navarreria dicitur et depopulata erat ualde, facerent populari... La diferencia entre nativos y occitanos, su separación establecida como medida útil para mantener el orden, provocó, repetidas veces, luchas,
verdaderas guerras civiles, como la que sobrevino en Pamplona en 1276, después de muchos años de turbulencia, debido a lo que los nativos consideraban excesivos privilegios que poseía la población de origen extranjero.
Hubo entre la Navarrería y los burgos occitanos de San Cernín y San Nicolás algunos acuerdos, como el de 1212, aunque luego volvieran las luchas llegando a la guerra descrita en occitano por un poeta de Toulouse, Guillermo de Aneliers, de modo muy hostil a los navarros. Según éste, eran estos navarros que desencadenaron la guerra de 1276 los habitantes de la vieja civitas (ciudad), los miembros de la aristocracia rural indígena, con sus servidores y algunos oficiales burgueses y menestrales, a los que se aliaron también los judíos:
Burgues é menestrals, sirventz et ynfançó
En la Navarreria malvatz conseyll fero
Que talassen las vinnas, li arbre e l'plançó[ Burgueses y menestrales, sirvientes e infantes en la Navarreria malvados consejos hicieron para que talasen las viñas, los árboles y sus brotes ]
Se echaron, pues, sobre el burgo de San Cernín, destrozando y matando a muchos occitanos. Pero después llegó la revancha. Tropas enviadas de Francia entraron en la Navarrería, traicionada, en parte, por los nobles y el clero navarros, y la destruyeron, haciendo también gran matanza, sobre todo de judíos. Durante años hubo que hacer cuentas respecto a los daños ocasionados en este momento al sector eclesiástico, en la catedral, etc. Puede pensarse que la raíz más fuerte de las guerras civiles posteriores entre Beamonteses y Agramonteses, que terminan con la incorporación de la corona navarra a Castilla, se halla ya en esta guerra, en gran parte, de tipo étnico. Desde 1277 a 1323 la Navarreria continuó destruida, los reyes prohibieron reedificarla en cuarenta y ocho años. Lo que denota una postura de los reyes de Navarra, de origen francés, a favor de los occitanos que debió soliviantar a la población nativa. Vinieron después tiempos en que se intentó barrer las divisiones antiguas y Carlos III, en 1423, mandó derribar las murallas que había entre barrio y barrio.
En todas las ocasiones los vascones parecen constituir la principal fuerza de choque del ejército vasco-aquitano. Su capacidad militar residía en el uso de una caballería capaz de actuar con rápidos movimientos envolventes, lo que les concedía una neta superioridad sobre la infantería merovingia. Los cronicones francos nos hablan de gran número de guarniciones y fortificaciones vasconas a lo largo del Loira y del norte de Francia, que defendían los territorios vasco-aquitanos de las incursiones francas.
Sin embargo se dibujaba ya otra amenaza. La península ibérica estaba en sus tres cuartos conquistada por hordas árabes que se preparaban a pasar los Pirineos. En 720, franquearon el Pertús y atacaron Toulouse. Eudón, luchando por salvar la independencia de sus dominios, contrajo matrimonio con la hija de Abi-Nessa, un emir del norte de España. Al mismo tiempo, Abd-el-Raman, quitándose de en medio a este último, pasó el puerto de Roncesvalles para invadir el norte de Vasconia. La masacre fue terrible. Es así como la villa de Auch fue saqueada y la de Elusa, capital de Vasconia, destruida de nuevo. Los árabes marcharon a continuación hacia Tours, capital del ducado vasco-aquitano. En 732, Carlos Martel, venido al socorro de Eudón, les detuvo en Poitiers y les obligó a volver hacia los puertos pirenaicos. Su intervención le valió el homenaje del duque vasco-aquitano.
La llegada del Islam a Europa coincidirá con la gestación en la antigua Galia de dos nuevas dinastías que se enfrentarán por la supremacía política. La de Aquitania y Vasconia con Eudón, Hunaldo I, Wafarius y Hunaldo II y la dinastía carolingia de Carlos Martel, Pipino el Breve y Carlomagno. Iba a ser el hijo de Carlos Martel, Pipino el Breve, quien en una sistemática campaña que duró nueve largos años (760 - 768) doblegaría a los vasco-aquitanos. Durante estos decenios
de enfrentamiento entre francos y vasco-aquitanos, los vascos jugaron un papel preponderante como aliados de los aquitanos romani, aunque sus decisiones no fueron siempre coincidentes en el caso de que las políticas aquitanas fueran en contra de los intereses vascones.
Al poco de la victoria de Pipino, hijo de Carlos Martel, Aquitania se sublevará de nuevo con Hunaldo II (769). Perseguido por el ejército de Carlomagno, el rebelde aquitano buscará refugio entre los vascones. Al igual que su padre Pipino, Carlomagno no osará cruzar el Garona y, mientras levantaba la fortaleza de Franciacum al norte de este curso fluvial, exigirá a los vascones la devolución de los rebeldes. Los vascones, a cuya cabeza vemos de nuevo a un Lupo calificado en las fuentes escritas como Wasconum dux e, incluso princeps Wasconum, entregaron a Carlomagno a Hunaldo y su familia, tras lo cual el monarca carolingio retornará a Francia.
Del 769 al 781, rota la alianza con los aquitanos romani, los vascones, de nuevo independientes del gobierno franco y bajo la dirección del duque Lupo, reorganizarán sus tropas para garantizar la defensa de los territorios vascones.
Los dominios vascones en aquella época se extendían al norte hasta el río Garona; al sur, hasta el norte de la Navarra peninsular (el sur navarro estaba bajo dominio árabe); al sureste, hasta el valle de Arán; mientras que el suroeste (el norte de la actual Euskadi, el sur estaba en manos de los árabes) había sido conquistada por los herederos del reino visigótico, los asturianos. La nueva amenaza para Vasconia, sin embargo, no azotaría esta vez el norte o el suroeste del ducado, sino que arrasaría el sureste.
En el año 778 el ejército franco de Carlomagno, al mando del gran paladín Roland, no puede conquistar la ciudad de Zaragoza ocupado por los árabes, y a la vuelta arrasa Pamplona. El día 15 de Agosto de 778, cuando las tropas francas se disponían a cruzar los Pirineos para retornar a Francia; las huestes vasconas organizadas para vengar la destrucción de Pamplona, estaban esperando en el paso de Orreaga (Roncesvalles, Navarra) para llevar a cabo una emboscada. Mediante su caballería y las rocas lanzadas desde los montes circundantes, hacia el sendero en el que se encontraba el ejército franco, acabaron con él. La muerte de Roland en esta batalla, así como la derrota del ejército imperial carolingio (el ejército más poderoso de Europa en aquella época) a manos del ejército vascón, inspiró en el año 1090 "La Chanson de Roland" (la canción de Roland), obra cumbre de la literatura épica francesa.
La derrota de Roncesvalles debió convencer a Carlomagno de la necesidad de buscar para Aquitania y Vasconia una articulación política que reconociera, una vez más, su fuerte particularismo. Y recuperando una vieja tradición, viva entre los francos desde época merovingia, creaba un reino para su hijo Luis (Ludovico Pío), nombrado rey en Roma en el 781 con sólo tres años y presentado ante la asamblea de Padeborn, en 785, vestido a la manera vasca. Mucho había crecido el prestigio de los vascos, vencedores de Roncesvalles siete años antes, cuando el primogénito de la monarquía carolingia era presentado así ante la Corte. Sin duda quería halagar a los más belicosos de sus súbditos y preparar al mismo tiempo la entrada de Luis en su nuevo reino. Este Reino de Aquitania, enteramente sometido a la autoridad de Carlomagno, iba del Loira al Languedoc y tenía dos capitales: Burdeos y Toulouse. Quería englobar por tanto el Ducado de Vasconia que desde la entrega por parte del duque vascón Lupo, del aquitano Hunaldo II y su familia a Carlomagno, había permanecido independiente del poder franco. Quedaba, por tanto, un bastión difícil a traer al orden, los Pirineos, para lo que debió enviar a su ejército.
Como consecuencia de revueltas incesantes de los vascones, Carlomagno se alió al rey de Asturias, con la esperanza de dominar a los vascones, pero el rey de Asturias tenía otros asuntos más urgentes y amenazantes, los musulmanes establecidos al sur. Carlomagno había delegado a los condes el cuidado de la administración de Vasconia, como a Adalric, en el Fezensac. A pesar de los esfuerzos de la iglesia que predicaba la integración en el Reino Franco, la revuelta era permanente en Vasconia. Mientras tanto Aquitania estaba integrada dentro del Reino Franco y Cataluña y el Languedoc participaban activamente en los esfuerzos de reconquista de las tierras del sur, sometidas al emir de Córdoba.
En el año 800, cuando Carlomagno venía justamente de ser coronado emperador, los vascones se sublevaron una vez más, Sancho apareció entonces, enviado por Carlomagno y el Rey de Aquitania, era el hijo de Lupo, duque de los vascones fallecido desde hacía treinta años.
En el año 824, Íñigo Arista aprovechándose de la falta de control de los francos de la zona de Pamplona y en colaboración con los vascones islamizados de la ribera del Ebro, toma el control de
la ciudad, fundando el Señorío de Pamplona, que posteriormente, se convertirá en reino y acabará englobando en el siglo XI a los vascos de ambos lados de los Pirineos.
A partir del siglo IX, por tanto, Euskal Herria se dividirá en dos entidades políticas diferentes: la continental o Vasconia del Norte, y la peninsular, representada por Pamplona.
En lo que era la antigua Novempopulania, los vascones norteños estaban reagrupados entorno de Sancho, después entorno de su hijo mayor, Aznar. Cuando este murió, asesinado por el rey de Aquitania Pipino I, es su hermano Sancho Menditarra (montañés) quien tomó el gobierno de la Vasconia del Norte, en 836. Sancho Menditarra había pasado su juventud combatiendo junto con los pamploneses al emirde Córdoba en la Vasconia meridional al lado de su padre. Sus cualidades militares, pero también políticas, le hicieron salir triunfador de las luchas con Pipino I que le había declarado la guerra. Las tropas de Pipino I habían sido rechazadas a la margen derecha del río Garona, en la época en la que murió Pipino I (838). 68 años después del abuso de autoridad de Carlomagno, la Vasconia del Norte había recuperado sus antiguas fronteras continentales.
El rey franco Luis el Piadoso, teniendo que hacer frente a numerosas dificultades, reconoció a Sancho Menditarra el gobierno de la Vasconia del Norte. A la muerte de Luis, el imperio fue dividido entre sus tres hijos, de los cuales Carlos el Calvo, que recibió la parte occidental y principalmente el Reino de Aquitania. Pipino II, en principio despojado de su trono de Aquitania, emprendió la reconquista, que llevó a buen puerto gracias a las dificultades que padecía Carlos (las rencillas con sus hermanos y las primeras incursiones normandas). Pipino II se preparaba entonces a penetrar en las tierras de los vascones norteños, en el año 852. Mal le fue pues fue capturado por Sancho Menditarra, quien le entregó a Carlos el Calvo. Es en esta época que apareció en los textos de una forma oficial el Ducado de Vasconia (852), del cual Sancho Menditarra fue, según estos textos, el primer duque.
A partir de 840, los normandos llegaron a las costas atlánticas. Sobre sus embarcaciones, subían cada año los ríos para saquear el país (Toulouse fue saqueado y quemado en 844). Saquearon todo particularmente las iglesias y monasterios y exigieron pesados impuestos a la población.
Condom, Eauze y Lectoure fueron entre sus primeras víctimas las más afectadas. Es en este momento (entorno al año 854) que la Iglesia trasladará su sede de Elusa, la capital de la Vasconia del Norte, a Auch, menos expuesta, ya que estaba construida sobre un poblado fortificado muy abrupto, y del cual Sancho Menditarra había hecho su residencia ordinaria, cuando no combatía en el otro lado de los Pirineos, a su enemigo de siempre, el emir de Córdoba, y sus aliados.
Sancho Menditarra falleció en 864. La Vasconia del Norte se había convertido para el imperio en una muralla contra los reinos árabes de la península ibérica. El Duque Arnaldo, sobrino de Sancho Menditarra, tomó entonces el poder, porque el hijo de Sancho Menditarra era todavía demasiado joven. La Vasconia del Norte conoció un estado cercano a la anarquía, sobre todo, bajo el ataque de las invasiones normandas que habían recomenzado. La mayoría de los obispados y los monasterios estaban desiertos, los habitantes de las ciudades y los pueblos huían al campo. Los jefes locales aseguraban bien que mal una apariencia de orden y protección. El sistema feudal, con sus señores y sus castillos fortificados, está instaurándose. De acuerdo a las tradiciones vasconas, el poder regresó entonces al hijo de Sancho Menditarra, llamado Menditarra Sancho, que era del mismo temple guerrero que su padre. Él consiguió mantener los normandos en la costa, en la embocadura del Adour, durante todo el tiempo de su gobierno (871-886).
Su hijo, García Sancho el Encorvado, le sucederá de 886 a 920. A su desaparición, la Vasconia del Norte se había engrandecido por matrimonio con el condado de Agen. Desgraciadamente, García Sancho el Encorvado, antes de su muerte, decidió dividir sus tierras entre sus tres hijos.
El mayor, Sancho García, recibió la mayor parte del principado (toda la parte occidental, de Béarn a la Lomagne), que se convirtió en la Vasconia Major (Gran Vasconia). El segundo, Guillermo García, recibe la parte central, con el Fezensac, entre Eauze y Auch, y por último, Arnaldo García, el Astarac, entre Fezensac y Bigorra. Esta división desafortunada condujo poco a poco a una fragmentación de la Vasconia del Norte, y la filiación principesca rota llevó a un sistema de autoridad importado del modelo franco, es decir, las relaciones de vasallaje, la feudalidad, hasta entonces desconocidas en Vasconia.
Sancho García tuvo cuatro hijos: García Sancho, Sancho Sancho, Guillermo Sancho y Gombaud y será García Sancho quien le sucederá, pero falleció sin descendencia y es entonces al tercer hijo, Guillermo Sancho, a quien correspondió el Principado. Guillermo Sancho partió a combatir en Navarra y delegó su poder a su hermano Gombaud. En el siglo X los piratas escogieron el norte de Francia, de más fácil acceso, para entregarse a sus razzias devastadoras. Guillermo Sancho volvió cuando los normandos se mostraron de nuevo amenazadores. Decidió entonces desembarazarse de una vez por todas de estos peligrosos vecinos y los combatió en Taller, cerca de Castets, a una veintena de kilómetros al norte de Dax, en 982. Los normandos levantaron sus campamentos y no regresaron más a Vasconia.
El condado de Armagnac, formado en 965, correspondió a Bernardo a la muerte de Guillermo García. En cuanto a Pardiac, se convirtió en la herencia de otro Bernardo, hijo de Arnaldo García, tras la muerte de este último. También vieron el día el condado de Gaure y el vizcondado de Lomagne. El Ducado de la Vasconia del Norte o Gascuña, se había convertido ya en condado. La atomización del territorio gascón continuó con las generaciones, y llegó a tal punto que el último conde ya no poseía ningún poder. Bajo la doble égida del poder eclesiástico y feudal, Gascuña prosiguió no obstante su organización. Cuatro obispados fueron constituidos y, en la víspera del año 1000, hubo más de cuatrocientas iglesias construidas.
Para el año 1023 Gascuña se encuentra ya bajo la órbita del Reino de Pamplona-Nájera, después del apoyo dado al conde de Gascuña en su lucha contra el Condado de Toulouse. Este apoyó le proporcionó al rey de Pamplona-Nájera, Sancho el Mayor, la potestad de organizar parte de sus tierras. De esta organización surgirá el vizcondado de Lapurdi. Sancho Guillermo, hijo del vencedor de los normandos, Guillermo Sancho, falleció sin sucesor en 1032, con lo que el gobierno de Gascuña pasa a manos de su sobrino, Sancho el Mayor de Navarra. Al facellecer este, y debido a las disputas por el poder entre sus hijos, el Reino de Pamplona-Nájera se debilitará y perderá el control de Gascuña.
El matrimonio de la hermana de Sancho Guillermo, Brisce, con Guillermo V, conde Poitiers y duque de Aquitania fue el origen de un conflicto de sucesión que durará hasta 1052. Uno de los principales pretendientes, Bernardo I Tumapaler, conde de Armagnac, se dejó entonces arrebatar su herencia por el hijo pequeño de Guillermo, Guy Geoffrou, duque de Aquitania a partir de 1058.
Los duques del Poitou gobernaron Gascuña durante casi un siglo, esforzándose en reducir sus vasallos a la obediencia. Con ocasión de las cruzadas, numerosos nobles gascones intervinieron en Palestina, sobre todo con el tercer ejército del conde de Toulouse. Entre los primeros cruzados que se cubrieron de gloria figuran, al lado del ilustre Gastón IV de Béarn, Raimundo de l'Isle-Jourdain y Astanobe, conde de Fezensac.
Gran parte de los diferentes condados y vizcondados de Gascuña, se diluyeron en el Ducado de Aquitania (el resto siguió unido o en la órbita de Navarra), posteriormente, en el año 1154, este ducado pasó a formar parte de la corona inglesa, fruto del matrimonio entre Enrique Plantagenet de Inglaterra y Leonor de Aquitania. En 1453, Aquitania se incorporó definitivamente a Francia.
En lo que respecta a los territorios gascones de Navarra, este reino, conservó por ejemplo el Béarn hasta su desaparición como reino en el siglo XVII, cuando por un edicto de unión en 1620, Luis XIII, rey de Navarra y de Francia, une Navarra a la corona francesa.
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Los Árabes y el Reino de Pamplona |
En el 711 el visigodo Rodrigo estaba batallando contra los vascones, momento que fue aprovechado por los musulmanes enviados por el gobernador de Ifriquiyya Musa ben Nusayr, y dirigidos por Tariq ben Ziyad, para atravesar el Estrecho de Gibraltar y comenzar la conquista de la Europa cristiana.
La relación entre los vascones y los árabes fluctuó entre la amistad y la guerra. Antes del 714 Musa había llegado ya a Zaragoza. El conde Casius, que dominaba en algún lugar en el valle del Ebro, dándose cuenta de la difícil situación militar, seguramente con la esperanza de conservar sus tierras, pasó el 714 al servicio del Califa. Dando lugar posteriormente a la familia vasco-árabe de los Banu-Qasi, que controló durante cuatro siglos la ribera del Ebro; y que tendría vital importancia en el surgimiento del futuro Reino de Pamplona. Un reino que surgió de la cooperación entre los vascones liderados por Ínigo Arista y los Banu-Qasi vasco-musulmanes de la ribera del Ebro.
En contra de lo creído hasta época reciente, los vascos sureños, sobre todo de la ribera del Ebro, se convirtieron al Islam, lo que no impidió los matrimonios mixtos entre los vascos de Spania (la península en manos de los árabes) y los vascos del norte, en su gran mayoría, fieles todavía a la religión vasca.
En los escritos de la Edad Media de Navarra, por ejemplo de Tudela en el siglo XIV, aparecen anotaciones de personas con nombre árabe y sobrenombre vasco, lo que demuestra el arraigo que tuvo el Islam durante esta época. Otro de los mitos que entierran estas inscripciones, es la supuesta pérdida del euskara en el sur de Navarra desde la época romana, si así hubiera ocurrido, no sería lógica la utilización de sobrenombres vascos, en personas que pertenecían a familias arraigadas en la zona, que seguían siendo de religión islámica. Entre otros, el Jurado de la Aljama de Tudela en el año 1309 era Mahoma Oxarra. Otros vasco-musulmanes: Mahoma Ezquerro en la localidad de Ablitas, Mahoma Abarqua en Cortes y también en Ribaforada. Todas ellas localidades de la Ribera del Ebro, en el sur de Navarra.
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El Reino de Pamplona |
La unidad de los vascos a través del Ducado de Vasconia fue apagándose gradualmente, cayendo sus tierras bajo dominio de los francos al norte y sureste; de los asturianos al suroeste; y de los árabes al sur. En el siglo IX surgirá un nuevo liderazgo entre los vascones que irá sustituyendo paulatinamente al Ducado de Vasconia como entidad vasca independiente, el Reino de Pamplona.
En este mismo siglo nos encontramos en escritos árabes o en las crónicas de Alfonso III de Asturias (17), con topónimos que se nos hacen conocidos: Bizcai (Bizkaia, "la cumbre", "la cima") que aglutina primeramente a los antiguos caristios, o Alaban (Álava, procede del vasco medieval laba "el llano", que a su vez procede del latín planus; actualmente en vasco laba se dice laua) que comienza a aglutinar a autrigones, caristios y várdulos sureños. Se tendrá que esperar hasta el año 1025 para poder encontrar la primera constatación documental de Gipuzkoa ("tierra fronteriza"), escrita como Ipuçcoa que aglutinaría inicialmente a los várdulos norteños. Posteriormente también será transcrita como Ipuzcaia.
(17) «Alabanque, Bizcai, Alaone et Urdunia, a suis
reperitur semper esse possessas, sicut Pampilona, Deeius est atque Berroza» […]
«Álava, Bizkaia, Alagón y Orduña, fueron siempre poseídas por los suyos, del mismo modo que Pamplona, Deyo y la Berrueza» […]
En el año 824 Eneko Enekoitz (enéko enekóyts), conocido en español como Íñigo Íñiguez, que recibió el apodo romance de Arista por su temple guerrero, en alusión a lo rápido que prende el fuego en las aristas de trigo, será primer señor y rey de Pamplona o Iruñea (18). Dando lugar a la primera dinastía navarra, la dinastía de los Arista o Íñiga.
Su padre fue Eneko Xemenoitz (enéko shemenóyts; en español Íñigo Jiménez), oriundo de Bigorra (Bigorre, tierras que se encuentran en la vertiente opuesta a los Pirineos aragoneses, actualmente en Francia). Su madre, Oneka, era pamplonesa, tuvo al menos tres hijos, dos con Íñigo Jiménez ( Eneko [Íñigo] y Orti [Fortún] ), y después de fallecer éste, contrajo matrimonio con el Banu-Qasi Musa ben Fortún con el que tuvo un hijo (Musa ben Musa). Hijos de una misma madre fueron por tanto Íñigo Arista y Musa ben Musa, el célebre caudillo Banu-Qasi. Esta colaboración, y la situación geográfica en el extremo sur del Pirineo -la dominación franca de la zona era débil-, influyó en el nacimiento y consolidación del Reino de Pamplona.
(18) Iruñea: Las formas vascas para designar a Pamplona, Iruñea o Iruña, provienen del euskara arcaico *Ilon que significa "ciudad" o más exactamente "lugar donde se encuentra la ciudad" ( proviene de ili ["ciudad"; actualmente hiri] + -on [sufijo locativo con el significado de "lugar" ] ). Al nombre se le añadió la -a final del artículo (-a es equivalente a los artículos castellanos "el" o "la") en épocas medievales por influencia de las lenguas románicas, dado que en la época romana el euskara todavía no poseía artículo. El topónimo *Ilon era común en la antiguedad en las zonas de habla vasca, las mayores urbes vascas poseían este nombre. Junto con Pamplona, las principales ciudades vascas de la época romana que también se llamaron *Ilon fueron Veleia (actual Iruña de Oka, en Álava) y Oiasso (actual Irún, en Gipuzkoa). El topónimo castellano Pamplona (Pompaelo > Pampilona > Pamplona) surgió de la mezcla de Pompaelo ("ciudad de Pompeyo", nombre romano de Pamplona) con la forma vasca medieval para denominar a Pamplona: *Ilona.
Este liderazgo navarro de los vascones que se rebelan frente a la dominación franca, asturiana y árabe, conllevará a que en los textos francos se comience a utilizar la palabra navarro, siglos antes de que los navarros la utilicen oficialmente, para designar a los vascones independientes de poder franco; utilizando la palabra vascón, únicamente, para designar a los vascones bajo poder franco.
La palabra vascón, paulatinamente, caerá en desuso y será relevada por la palabra gascón; mientras que la palabra navarro será utilizada en adelante para designar a los vascos. Bajo la influencia y posterior pertenencia a la corona navarra, Álava, Bizkaia y Gipuzkoa, irán cimentando su actual personalidad e instituciones forales, que se plasmarán definitivamente bajo la corona castellana.
En el año 892, San León, que vino a evangelizar a los vascos, es decapitado en Baiona, ocupada entonces por los normandos.
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Álava, Bizkaia y Gipuzkoa entre los s. VIII y XI |
Las regiones que integran la actual Euskadi formaron parte del Reino de Asturias en el siglo VIII, exceptuando el sur, que estaba en manos de los árabes. Según lo indicado en algunos relatos medievales, Bizkaia consiguió su independencia en el año 870 en la batalla de Padura, en la cual los vizcaínos derrotaron a las huestes del rey asturiano Ordoño.
Anticipándose así Bizkaia a Castilla en la búsqueda de una independencia más de acuerdo con las tradiciones vasconas que con la monarquía asturiana, que trataba de resucitar el reinado visigótico con sus costumbres germánicas. Su primer jaun o señor, según estos relatos, será el pamplonés Otsoa Orti (ochóa orti; en español Lope Fortún), conocido también como Jaun Zuria (yaun suría, "Señor Blanco").
Ante la escasez de datos sobre esta época vizcaína, hay mucha controversia sobre la veracidad de la batalla de Padura y de la identidad de Jaun Zuria. Dado que estos hechos están basados en unos relatos legendarios de la Edad Media imbuídos en la antigua religión vasca. Se considera comunmente como primer señor histórico de Bizkaia a Eneko Otsoitz (enéko ochóyts; en español Íñigo López), que vivió en el siglo XI y era de la familia riojana de los Haro.
Por los datos que poseemos, después del surgimiento del Señorío de Pamplona -que posteriormente pasaría a ser reino- con Íñigo Arista, los pamploneses comenzaron a incidir en los territorios de Euskadi y de Castilla. Por lo que podemos observar en los textos de la época, los caudillos de estos territorios, en el siglo X, estaban emparentados directamente con la corona pamplonesa. Una influencia pamplonesa sobre este ámbito geográfico culturalmente afín, que se consumará en el siglo XI con el reinado de Sancho el Mayor de Navarra, anexionando estos territorios a la corona pamplonesa.
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Naiara, la nueva capital |
Una ciudad de La Rioja será llamada a ostentar la capitalidad de los vascos a partir del siglo X, su nombre Naiara (nay-ára) o en español Nájera.
Las tierras de la Rioja, ya desde épocas prerromanas, estuvieron habitadas por vascones, así como por berones, tribu celta que fue cuasi-exterminada por los romanos cuando la zona fue conquistada por su ejército. Un exterminio en el que también colaboraron los antiguos vascos, enemigos seculares de los celtas, a los que siempre consideraron como invasores.
Tras la derrota de los berones, la población de La Rioja fue reforzada con vascones y sus territorios estuvieron bajo jurisdicción vascona. A partir de esta época y durante dieciséis siglos los riojanos formarán parte de la cultura vasca, de Euskal Herria, siendo uno de sus territorios más importantes, cuna de la dinastía vizcaína de los Haro. La anexión de los territorios de La Rioja por parte de Castilla acarreará la pérdida paulatina de la lengua autóctona, la vasca, así como de la modalidad del romance de estas tierras, el aragonés, siendo sustituidas por la lengua castellana, hasta que en el siglo XVI pierda definitivamente sus raíces vascas.
En el 923 el rey pamplonés Sancho Garcés I, en colaboración con Ordoño II de León, recupera los territorios bajo gobierno musulmán de Nájera y la Rioja Media y Alta, que deja bajo dominio de su hijo García Sánchez. Tras la destrucción de Pamplona por Abd al Rahman en el 924 y la muerte de su padre al año siguiente, García Sánchez traslada su residencia a Nájera, en detrimento de Pamplona. Se denomina desde entonces "Iruñea-Naiarako Erregea" (irúñe-á nay-árakó errégueá) o Rey de Pamplona-Nájera.
García Sánchez desarrolló una activa política de repoblación de los nuevos territorios y favoreció con cuantiosas donaciones a los monasterios riojanos, especialmente a San Millán de la Cogolla. La misma política mantendrá durante los primeros años Sancho Garcés II; pero las campañas de Almanzor le obligarán, al igual que a su hijo García Sánchez II el Temblón, a firmar capitulaciones y pagar tributos a Córdoba.
Con Sancho III el Mayor (1004-1035) el Reino de Pamplona-Nájera, aprovechando la desmembración del Califato de Córdoba, alcanza su mayor extensión, abarcando todo el tercio norte peninsular, desde Cataluña a Galicia, desde el Mediterráneo al Atlántico.
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Apogeo del Reino de Pamplona-Nájera |
A partir del año 1004, bajo el reinado de Antso Gartzeitz III.a Nagusia (ántso gartséits irúgarrená nagúsi-á; Sancho Garcés III el Mayor), el Reino de Pamplona-Nájera,culminará el proceso de compactación de los territorios de habla vasca. Unos territorios, que desde el declive del Ducado de Vasconia, habían quedado políticamente inconexos.
Las bases de este proceso de compactación comenzaron a cimentarse ya en el siglo X, en el que, por ejemplo, los caudillos de la actual Euskadi, Castilla y Gascuña estaban emparentados directamente con la familia real pamplonesa. Si bien el ámbito inicial de Sancho el Mayor fueron las zonas de habla vasca de la época (desde parte de Cantabria hasta el extremo noroeste de Cataluña, incluyendo el noreste de Castilla, La Rioja y mitad sur de Gascuña), aprovechándose de la caída del Califato de Córdoba y surgimiento de los reinos de taifas, reafirmó su autoridad sobre todos los reinos cristianos peninsulares.
El Reino de Pamplona-Nájera, en su máxima expansión, en el año 1034, se extendía desde Galicia, por toda la zona pirenaica hasta parte de Cataluña (Pallars); al norte englobaba Gascuña y el Condado de Barcelona le rendía vasallaje. Consiguiéndose de esta manera, la unidad política de toda la población de habla vasca dentro del Reino de Pamplona-Nájera (exceptuando las minorías vascoparlantes, que habitaban al sur, en los territorios de la Ribera del Ebro, gobernados por los musulmanes) y acogiendo dentro de su seno, a los todavía condados de Castilla y Aragón, donde en aquella época, la mayor parte de sus pobladores eran vascoparlantes.
Sancho Garcés III el Mayor consiguió que el Reino de Pamplona-Nájera fuese considerado como uno de los reinos más importantes de Europa. En las crónicas europeas de la época fue denominado como rey de la Wasconum Gens, Wasconum Nationem (tribu vascona, pueblo vascón) o en las crónicas árabes de los Omeyas como Señor de los Vascones (el historiador omeya Ibn Haiyan lo define como: "Sancho, hijo de García, Señor de los Vascones"), ya que si bien el reino estaba habitado por hablantes de los romances astur-leonés, castellano, aragonés y gascón (también gallego en la última parte de su reinado), el nucleo humano sobre el que se sustentaba el Reino de Pamplona era mayoritariamente de origen vasco. También fue denominado por el abad Oliba de Ripoll como Rex Ibericus (Rey Ibérico. Dado que en aquella época, erroneamente, se consideraba a los vascos descendientes directos de los íberos).
Fue un monarca que se abrió a Europa y a la modernidad, después de siglos de aislamiento peninsular y permitió la irrupción en la península de la orden renovadora de Cluny. En sus expansiones y relaciones políticas siempre tendió más hacia Europa y en política doméstica, hacia las zonas vascoparlantes como Gascuña, la Navarra marítima (actual Euskadi), Castilla, Aragón y extremo noroeste de Cataluña.
Sancho el Mayor fue el gran impulsor de la capital del reino, Nájera. Le otorgó un fuero que sirvió de modelo posteriormente para el sistema foral de las regiones vascas y también de los de Castilla y Aragón. Unos fueros basados en las tradiciones y leyes vasconas, que se alejaban de la legislación visigoda de origen germánico. También fomentó y unificó el Camino de Santiago, haciéndolo pasar por Nájera.
Se casó con Munia, la hija del conde de Castilla en 1010, lo cual facilitó un acuerdo favorable sobre las fronteras navarro-castellanas (1016).
Por lo que respecta a la frontera cristiana pirenaica, precisó la recuperación de los condados de Aragón y Sobrarbe, practicamente perdidos a causa de las incursiones de Almanzor (999) y Abd al-Malik (1006), así como el restablecimiento de la legitimidad dinástica en el condado de Ribagorza.
Entre los años 1016 -1018 reconquistó Aragón y Sobrarbe y amplió sus dominios con la conquista de la ribera islamizada del Cinca con capitalidad en Boltaña, con parte del valle de Ayerbe y con el valle de Nocito. Aunque posiblemente liberó los valles de Ésera y de Isábena, afectados también en 1006 por Abd al-Malik.
El condado de Ribagorza no se incorporó de derecho al reino pamplonés hasta 1025, cuando la condesa Tota, en grave crisis dinástica y política, agravada por las apetencias territoriales del conde Ramón III de Pallars, renunció a sus derechos a favor de su sobrina la reina Munia, esposa de Sancho III.
De esta forma, el rey de Pamplona-Nájera, anexionó a su reino los condados de Sobrarbe y Ribagorza, alegando derechos dinásticos para intervenir en sus conflictos internos contra las pretensiones del conde de Barcelona. Sometió también a este último a vasallaje, a cambio de la ayuda prestada en el conflicto contra su propia madre (hacia 1023).
Inició la revitalización del asolado condado aragonés con la restauración del monacato, tradicional institución religiosa y de poder económico. En el aspecto político-militar, institucionalizó el «seniorado» -tenencia delegada de castillos- en Aragón y Sobrarbe, y fortificó la frontera meridional desde Uncastillo en el extremo occidental hasta Perarrua en el oriental, frente a las plazas musulmanas de Ejea, Ayerbe, Bolea, Huesca, Alquézar, Nabal, Barbastro, Graus y Benabarre.
En el año 1023, el apoyo al conde de Gascuña en su lucha contra el Condado de Toulouse, le proporcionó al rey de Pamplona-Nájera la potestad de organizar las tierras fronterizas al otro lado de los Pirineos, así como el vasallaje de Gascuña. De esta forma organiza las tierras de Lapurdi, Arberoa (Arbéroue), Garazi (Cize), Ortzaize (Ossès) y Baigorri en el Vizcondado de Lapurdi, con centro en la ciudad de Baiona. Otorga este vizcondado a su primo Lobo Sancho. Lapurdi en aquella época, abarcó la actual región de Lapurdi, y la mitad sudoccidental de la Baja Navarra (exceptuando los señoríos de Amikuze-Oztibarre [Mixe-Ostabarret] y Agaramont [Gramont] ). Estos actos que se inscriben dentro del sistema feudal, traerán consecuencias muy pesadas para la unidad política de los vascos.
En el documento de 1026 en que Sancho el Mayor concede al Monasterio de San Juan de la Peña la estiva de Lecherin (Pirineos oscenses, Aragón) se indica lo siguiente:
«regnante me rege Sancio in Aragona et in Paliares, in Pampilona, in Alaba et in Castella»
«Reinante, yo, rey Sancho, en Aragón y en Pallars (zona occidental de la provincia de Lérida [Cataluña], al sur del Valle de Arán, en la que en esta época, todavía, se hablaba euskara), en Pamplona, en Álava y en Castilla (aunque todavía no la había ocupado militarmente, ejercía ya su influencia sobre territorio castellano)»
En 1032 Sancho Guillermo, conde de Gascuña, fallece sin descendencia, con lo que el gobierno de Gascuña pasa a manos de su sobrino, Sancho el Mayor.
El parentesco del rey de Pamplona-Nájera con la familia condal castellana, le permitió igualmente intervenir en aquel territorio, apoyando la autoridad de su cuñado (el conde infante García) frente a los nobles y a la intromisión del rey de León. Sancho casó a su hermana Urraka con el rey leonés para pacificar las relaciones con él y poder así ejercer libremente su influencia sobre Castilla. Al morir asesinado el conde García durante un viaje a León (1029), Sancho ocupó Castilla alegando los derechos sucesorios de su mujer, a pesar de que existían herederos masculinos con más derechos para regir aquel condado. Esto hizo estallar la guerra con el rey de León, que también ambicionaba la anexión de Castilla; la suerte de la guerra entre los dos reyes favoreció al de Pamplona-Nájera, que ocupó León, Zamora y Astorga (1034).
Al anexionar el Reino de León a la corona pamplonesa (año 1034) tomó el título de Imperator (Emperador). A este momento corresponden las primeras monedas acuñadas en un reino cristiano de la península ibérica (19).
(19) El Arrano Beltza y la primera ceca cristiana de Nájera: en la imagen se muestra la primara moneda cristiana de la península, lleva la efigie real y el título Imperator en el anverso.
En el reverso, por primera vez en la historia, aparece en las monedas un topónimo tal y como se dice en vasco, dado que hasta entonces se utilizaron las formas latinas o celtas de estos topónimos. Aparece el topónimo Naiara (forma vasca para designar a Nájera, localidad riojana; en castellano antiguo se escribía Nagera proveniente del árabe Naxera), dado que como capital del reino, fue el lugar en el que se realizó la acuñación. También aparecen en el reverso el árbol de Sobrarbe y Nájera, así como la cruz cristiana sobre ambos árboles, simbolizando la cristiandad que imperaba en todo el reino (aunque la religión cristiana era la oficial, la mayor parte de la población de habla vasca seguía procesando culto a la antigua religión vasca).
El árbol, muy importante en las tradiciones vascas, servía en este caso como marcaje geográfico y aludía a la extensión del Reino de Pamplona-Nájera desde Sobrarbe (cuyo límite se encontraba en el Valle de Arán, extremo noroeste de Cataluña) hasta Naiara (La Rioja). Es interesante - y revela las relaciones exteriores que se anudan con Sancho el Mayor - el influjo ejercido por estas monedas en el tipo de las que fueron acuñadas por el monarca danés Knut el Grande, lo que da cuenta de la trascendencia que tuvo este rey en la política europea de la época, como barrera frente al Islam.
Sobre la moneda se puede observar el símbolo vascón medieval de los navarros, el Arrano Beltza (arráno béltsa; "el águila negra"), que fue utilizado en los estandartes navarros durante la dinastía ximena a la que pertenecía Sancho el Mayor; aunque, sin constancia de ello, también pudo ser utilizada por la anterior dinastía íñiga. A partir del último rey de la dinastía ximena, Sancho el Fuerte, el Arrano Beltza será sustituido por la evolución de la estrella vascona de ocho puntas que dio lugar a las cadenas del escudo de Navarra. La principal diferencia respecto a otros símbolos similares radica en su postura, de carácter no agresivo, porque no mira al frente, sino que su cabeza está girada hacia un lateral, que no siempre es el mismo. Es un ave abierta, muestra todo lo que tiene. Extiende sus alas y también están abiertas sus garras en señal de no agresión.
Sancho el Mayor fue un referente para los reinos cristianos, y en concreto, para la posterior monarquía castellana, que definió a este rey como Rex Hispanicus (rey hispánico), una monarquía que quiso recoger el testigo de este rey y reeditar la unidad de los reinos cristianos peninsulares bajo su cetro, como así ocurrirá, siglos después, con el nacimiento del Reino de España en el siglo XVI, máxima expresión del expansionismo castellano.
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